
[PROMESAS]
La realidad alcanzó rápidamente a Barack Obama. Ya antes de asumir la presidencia, el 20 de enero, se vio obligado a relativizar su promesa de campaña de un rápido cierre de la prisión de Guantánamo en Cuba debido a que no es tan fácil implementarlo como se creía.
No es raro que los candidatos se llenen la boca de palabras durante la campaña y luego deban volver atrás tras las elecciones. Pero gracias a su mensaje de cambio, Obama logró el privilegio y también la carga de que el listón sea distinto para él. Esto rige sobre todo en la cuestión de los derechos humanos, que según dijo quiere regenerar después de años de una zona gris legal en la lucha contra el terrorismo por parte del gobierno de George W. Bush. Sin embargo, podría desilusionar fácilmente no solo al ala liberal de su partido y a las organizaciones de derechos humanos, que el domingo pasado, en el séptimo aniversario de la creación de la prisión de Guantánamo, le recordaron que pronto deberá cumplir con sus promesas de campaña.
También los países democráticos del extranjero lo observan de cerca. A Obama se asocia también la esperanza de que se cierre la brecha en los derechos humanos abierta en el marco de la lucha contra el terrorismo y que EU tenga no solo el liderazgo militar en el mundo sino también el moral, que de hecho suele invocar una y otra vez.
De hecho, al parecer Obama subestimó la montaña de problemas que le dejó su sucesor también en este campo. Thomas Friedman de The New York Times va incluso tan lejos como hablar del legado más difícil para Obama.
Desde qué sucederá con los presos de Guantánamo después de cerrar la prisión, el futuro de los vuelos secretos de la CIA con prisioneros a otros países hasta los “duros” métodos de interrogatorio, “se trata de una serie de campos minados”, comentó The Washington Post.
De esta forma se refiere a la presión que sufre Obama para llevar a cabo un acto de balance riesgoso: por un lado debe cumplir con su promesa de una clara ruptura con la política de Bush, por otro lado debe seguir garantizando la seguridad de la nación. Porque Bush le lega –ojalá– también eso: un país en cuyo territorio no hubo más atentados terroristas desde el 11 se septiembre de 2001, según el gobierno saliente gracias a medidas antiterroristas consecuentes entre las que se incluye el waterboarding, la simulación del ahogo durante un interrogatorio.
El planeado cierre de la prisión en Guantánamo es apenas un ejemplo de las exigencias que se ciernen sobre Obama. No solo debe encontrar países de recepción para los alrededor de 60 presos cuya liberación ya se decidió hace tiempo.
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