
PRIORIDADES DEL NUEVO GOBIERNO
Una de las prioridades del próximo gobernante será la selección e implantación del sistema de transporte público que los capitalinos piden a gritos. Como el actual “sistema” es todo lo que el usuario realmente puede pagar y cualquier sistema eficaz costará más, habrá que encontrar uno que, con el subsidio que el Estado le otorgue, sea costeable.
Asumiendo que la capacidad de todas las alternativas consideradas es adecuada, dos son otros de los factores fundamentales: el económico y el urbanístico. El primero deberá considerar, más que el costo inicial, el valor de operación, incluidos amortización y mantenimiento; el segundo, el efecto sobre el tejido urbano asegurándose de que el sistema que se implante mejore y no destruya el tejido urbano en que se insertará, sino que lo mejore sustancialmente.
El sistema que se escoja correrá por las principales arterias de la ciudad, que por esa misma razón son sus zonas comerciales más importantes y cuyo ruido y humo las hace poco aptas para viviendas. Esta actividad requiere de estacionamientos que hoy, mal que bien tiene y que tendrá que seguir teniendo, incluso si finalmente se adoptara la tan necesaria política de fomento de parqueos públicos. Si se destruyen los actuales frente a los edificios a lo largo de vía España, Transístmica y Ricardo J. Alfaro, se condenarán esas zonas a la muerte comercial; sería el caso de la operación exitosa en que el paciente muere.
Las alternativas de transporte público no son muchas: bus articulado, bus electrificado, tren ligero (o tranvía), monorriel y subterráneo. El primero es el de menor y el último el de mayor costo inicial. El efecto sobre el área por la que corre el sistema, por contrapartida, es a la inversa: el subterráneo es el que menos y el bus articulado el que más afecta la ciudad. Eso es así, porque el bus articulado requiere de tres a cinco carriles de uso exclusivo. Como eso no es posible en sitios como los mencionados, sin causar la atrofia del tejido urbano, resulta obvio que lo que necesitaremos será o un sistema que se desarrolle sobre pilares, tipo monorriel, o tren elevado o carretera elevada, o bien un híbrido que en las afueras pueda aprovechar la existencia de amplios derechos de vía para adoptar soluciones económicas y en zonas más céntricas se eleve sobre pilares, o bien un tren ligero que en ciertas zonas se convierta en subterráneo o en tranvía, que no es sino un tren ligero. Cada una de estas alternativas tiene a su vez su propio costo de operación, léase costo de subsidio.
Capacidad, flexibilidad, velocidad, complejidad técnica, de construcción y de mantenimiento, financiamiento, impacto ambiental, tipo de fuente energética son algunos de los muchos factores que deberán analizarse (consultando no solo la ATTT, sino con los municipios, el MEF, MOP, Mivi y Anam, como mínimo), lo fundamental es que la decisión final satisfaga plenamente los dos factores cruciales: costo de operación/pasaje/subsidio e impacto urbanístico.
• La salud como un tema de Estado: Jenny Vergara Sibauste
• La corrupción y el poder político: Adriano Mckenzie F.
• La desgracia democrática: Paco Gómez Nadal
• En busca de un sistema de transporte: Richard Holzer
• El poder de la internet en la evolución cultural: Edgardo Murgas Álvarez