
Falta de seguimiento entorpece oportunidades de estudio y trabajo
El escaso personal y las condiciones físicas inadecuadas convierten las cárceles panameñas en centros de socialización delictiva.
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| PERMISOS DE TRABAJO. Internos condenados realizan labores en el taller de ebanistería del Ministerio de Vivienda. Su trabajo se utiliza en proyectos de interés social. LA PRENSA/ David Mesa1141882 |
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La idea de que en las cárceles panameñas, lejos de resocializar se enseña a delinquir, no está fuera de la realidad.
De acuerdo con la directora de Tratamiento y Rehabilitación del Sistema Penitenciario, Maritza Grifo, la falla en los procesos de resocialización y rehabilitación en los centros penitenciarios se debe a dos motivos: La falta de reforzamiento, en cada uno de los penales, de un equipo técnico interdisciplinario (formado por abogados, psicólogos, trabajadores sociales y criminólogos), y el escaso o nulo desarrollo de actividades culturales, espirituales, deportivas, educativas y laborales.
Grifo explicó que el equipo técnico –algo casi nulo en la mayoría de los penales– constituye “el eje de la humanización” de las cárceles y el principal soporte en el proceso de rehabilitación.
Este grupo se encarga de hacer el diagnóstico de cada interno, y basado en ello se establece una ruta de tratamiento.
Al fiscalizar la evolución y comportamiento del interno, el equipo tiene la potestad de recomendar la conmutación de pena (reducción de los días en prisión), el pabellón en el que debería permanecer el interno según su perfil, y hasta a quién se le puede otorgar permiso para estudiar o trabajar dentro o fuera de la cárcel.
“Cárceles que están divididas por pabellones como la La Joya y La Joyita, deberían tener una junta técnica en cada sector, pero la realidad es que en La Joyita hay solo dos psicólogos, seis trabajadores sociales y un abogado para una población de 3 mil 10 internos”, indicó la funcionaria.
Para subsanar esta carencia, el Sistema Penitenciario ha formado un equipo técnico itinerante que, desde finales de enero, se encargará de brindar asistencia a los centros más necesitados. Según Grifo, las cárceles mejor llevadas son El Renacer y el Centro Femenino de Rehabilitación.
“Si no se forman estos equipos, es poco lo que se puede hacer, porque termina por reinar la socialización delictiva, es decir, el aprendizaje de delitos entre los detenidos”, aseguró la funcionaria.
El segundo elemento de resocialización (las actividades educativas y deportivas, por ejemplo), son difíciles de ejecutar porque hay algunas limitantes.
Por ejemplo, dijo Grifo, hay cárceles en las que no se pueden ofrecer estas actividades porque tienen estructuras o condiciones que lo hacen inseguro. Es el caso de la prisión de Nueva Esperanza, en Colón, que ocupa un edificio que fue construido para ser un depósito, no un centro penitenciario.
Para la directora de Tratamiento, toda la sociedad debería apostar porque estos programas sean efectivos, porque su deficiencia no hace sino multiplicar los delitos, lo que pone en riesgo a la sociedad en general.
Educación limitada
Actualmente, unas mil 200 personas estudian dentro de las cárceles, pero la cobertura hay que elevarla entre el 15% y el 20%, dijo Guillermo Smith, director Nacional de Educación de Jóvenes y Adultos del Ministerio de Educación (Meduca).
No solo en la parte académica, agregó, sino brindando cursos técnicos como belleza y albañilería, por ejemplo.
“Hemos enviado computadoras dañadas a varias cárceles para que aprendan a arreglarlas, y de allí han nacido salones de informática”, detalló el funcionario.
Para Smith, es importante que los internos aprendan actividades que les permitan ser sus propios patronos, porque así, al salir, podrán realizar una actividad productiva aunque el mercado de empleo formal no les dé oportunidad.
Aumentar la cobertura, por su parte, implicaría sumar 150 docentes a los 100 que ahora imparten clases dentro de los penales.
“Hay que capacitar a estos docentes... Hay muchos que temen y no aceptan el reto porque no saben cómo tratar o lidiar con estas personas”, comentó Smith.
Por otro lado, criticó las condiciones de algunos penales, pues se da el caso de que si no hay la cantidad de custodios necesarios para trasladar a los internos a las aulas de clases, simplemente se cancela la sesión. Esto hace que se pierda el interés de continuar, dijo el funcionario.
La directora de Tratamiento dijo, por su parte, que los programas de rehabilitación también incluyen la posibilidad de estudiar y trabajar fuera del penal; pero cuando a un reo se le brinda este permiso, debe pasar por varias fases en las que tiene que demostrar que se le puede tener confianza.
Primero está el período de observación, que es el de mayor seguridad. Le sigue la fase de “probatorio”, en la que las medidas de seguridad no interfieren con el desarrollo de las actividades educativas, recreativas y laborales. Luego está la parte de prelibertad y la libertad vigilada –que es cuando pueden movilizarse fuera del penal–, en la que se aplica una mínima seguridad, y la última fase es conocida como libertad condicional.
Cifras del Meduca indican que en 2008 se graduaron 324 internos –de bachiller, premedia, primaria y formación para el trabajo– de La Joya, La Joyita, El Renacer, el Centro Femenino de Rehabilitación y las cárceles de Santiago y David.
Alberto Pérez* y Manuel González* están purgando penas por homicidio en el Centro de Tinajitas. Ambos, que ya han cumplido 18 años de la condena, decidieron invertir su tiempo en los estudios.
González, de 38 años, terminó su primer ciclo y luego se graduó de bachiller en letras.
Estudió luego una licenciatura en administración de empresas con especialización en puertos, y después tomó un postgrado y una maestría en gerencia marítima y gestión portuaria. Ahora trabaja en la Autoridad Marítima de Panamá y estudia inglés. Todo lo ha hecho con un permiso de estudio.
Alberto Pérez, de 42 años, acaba de culminar la licenciatura en derecho en la Universidad de Panamá, y está por cursar una maestría en derecho procesal.
Ambos esperan que se les conmuten los dos años de prisión que les faltan, pero aún no reciben respuestas por las fallas que se dan con el equipo técnico interdisciplinario.
* Los nombres han sido cambiados.
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