
DESEQUILIBRIO
Fuentes confiables nos indican que China está atravesando por grandes desequilibrios sociales y regionales. Las reformas han provocado concentración de la renta, polarización social y un aumento de las desigualdades. El coeficiente Gine (que mide la desigualdad) ha pasado de 0.30 a un 0.48 y según el Banco Mundial existirán unos 300 millones de pobres en el país.
El grueso de la actividad económica se concentra en las regiones costeras (receptoras del 85% de la inversión extranjera el año pasado) que contrasta con las empobrecidas regiones del interior. El actual modelo de desarrollo tiene también un elevado coste medioambiental, en particular en lo que se refiere a la contaminación del aire de las grandes urbes y el agua. Se señala que la base social sobre la cual se sustenta el régimen chino es la burguesía emergente, ligada al aparato del Estado y del Partido, y una significativa clase urbana.
Por otra parte, los trabajadores del sector público, un 20% de la población activa, fueron golpeados por la oleada de privatizaciones que ha eliminado una elevada suma de empleados públicos. Esta fracción de la clase trabajadora ha visto erosionadas las garantías sociales del período maoísta, se afirma.
Paralelamente, ha emergido una fracción de la clase trabajadora formada por los emigrantes rurales a la ciudad y concentrada en las industrias, orientadas a la exportación de la costa este y del delta del río Perla y también en sectores como la construcción y servicios mal pagados en las grandes ciudades.
La emigración interna campo-ciudad está alimentada por una crisis del medio rural y el hundimiento del poder adquisitivo de los campesinos, situado en un tercio del urbano. Cifrada en unos 150 millones de personas, esta nueva clase trabajadora, ocupa los eslabones más bajos del mercado laboral. Sus condiciones de trabajo y de vida, constituyen la cara amarga del nuevo capitalismo chino. Salarios bajos, jornadas laborales por parte de muchas empresas y de subcontratistas forman parte de su realidad cotidiana. A nivel oficial esto se oculta, solo se proyecta la extraordinaria y exitosa expansión y modernización económica, en contraste con el atraso, el burocratismo y la ineficiencia anterior. Grandes éxitos en el desarrollo capitalista y nada de armonía.
En ese sentido, el liberalismo económico de puro corte capitalista y la preocupación por el bienestar social, heredad de la tradición revolucionaria comunista–maoísta, procura ser compatibilizada bajo el concepto de “sociedad armónica” dirigida por el PCCH, evidentemente sin grandes logros en la pretendida armonía (como lo demuestran los datos citados), pero sin los niveles regresionistas y las barbaridades ocasionadas durante la restauración capitalista en la ex URSS y Europa Oriental y naturalmente con un nivel impresionante en el desarrollo de las fuerzas productivas.
Lo que sí hay que señalar es que en forma muy hábil los dirigentes chinos, aun construyendo capitalismo, siguen asumiendo una retórica socialista y encubriendo con su propuesta de “sociedad armónica” una gran desarmonía producida por el híbrido de la inercia del pasado mezclado con las reformas pro-capitalistas.
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