
LA TOMA DE DECISIÓN
Panamá es un hermoso país con una fauna, flora y geografía exquisitas. Está habitado por poco más de tres millones de individuos que deben aún construir las bases de su desarrollo. Esas bases del desarrollo no están en el dinero, ni en las creencias religiosas, ni en los medios publicitarios. Esas bases están en el conocimiento pleno de la realidad social y de sus posibilidades.
No podemos postergar lo que es importante por acciones efímeras como lo trivial de egoístas propósitos. Para darle valor a lo que realmente lo tiene, los jóvenes deben estar rodeados de motivaciones familiares y comunitarias que les alienten a la educación y la auto formación. No pueden crecer sin darse cuenta de las necesidades de quienes conviven en el mismo ámbito social.
Así como el dinero no lo es todo, y las irrealidades de las modas o gustos por la diversión no lo son, la política tampoco es la clave de la solución a los problemas sociales. Una sociedad tiene problemas culturales, económicos, políticos y sociobiológicos. De aquí que el joven convierta en primordial la acción integral en la construcción del desarrollo pleno e integrador en esos cuatro pilares. Si un joven descuida su afán en el orden económico y se centra en lo cultural, de seguro llegará a ser un frustrado en lo financiero por no haberle dado valoración práctica a parte de su actividad cultural. Si se centra en lo económico y descuida lo cultural llegará a ser, quizás, un amasador de bienes sin tener la valoración amplia que el desarrollo cultural brinda. Los jóvenes que abrazan la acción política, pensando que así lograrán el desarrollo pleno propio y social, se encontrarán con los muros de la falta de visión cultural de los problemas y la falta de los recursos económicos para lograr ciertas metas. Más patético es el que solo se preocupa de lo sociobiológico (ropa, vivienda, alimento, ocio, etc.) viviendo una vida básica en la satisfacción hedonista de las necesidades básicas.
Panamá, en esta etapa histórica en que se encuentra, en donde la incultura ha hecho alianza con el oportunismo político, necesita más que nunca que los jóvenes se conviertan en los nuevos líderes de cambio social positivo, comenzando por la valorización correcta de los cuatro ámbitos de la vida social: sociobiológico, sociocultural, socioeconómico y sociopolítico.
La juventud que no vibra de ganas de romper ataduras mentales, es una juventud inerme, muerta, parásita y pasiva ante los embates de la irracionalidad y del irrealismo. El joven tiene que ser rebelde, pero cauto en sus acciones, pensando y creando, antes de desbocar las pasiones propias de la edad.
Los jóvenes deciden, no solo cómo vestirse y qué música escuchar, sino también el futuro de la nación. Ellos deben buscar información, indagar y preguntar sobre la historia política de cada candidato a presidente, diputado, alcalde o representante. El joven debe ser inquisidor y no dejarse llevar de la saturación propagandística de un candidato o de las campañas que utilizan la falacia del criterio errático de la autoridad, basadas en opiniones de deportistas que no conocen de la historia de los candidatos que dicen apoyar.
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