
Sin ellos no se podría tampoco vivir.
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| Poseemos múltiples fotografías relacionadas con diferentes aspectos de este antiguo oficio del cual y más que todo con su relación con Panamá hoy hemos escogido a dos. Los otros ya les explicaremos con qué los debemos relacionar.En la edición de “Raíces” del 28 de enero de 1996, publicamos una toma casualmente de una peluquería panameña de esa época, ya existente a fines del siglo XIX y que era la perteneciente a los ciudadanos franceses Pedro Perigault y su sobrino Antonio Bolívar Perigault. Estuvo en la calle 14 Este y la Carlos A. Mendoza, y fue muy lujosa en su mobiliario y muy popular entre cierta clase social, por su labor.Hoy les presentamos a tres magníficos representantes de ese oficio, pero también un arte, sobre todo por los resultados cuando son perfectamente elaborados. El robusto caballero que aparece solo, nació en Italia. Llegó y acá se quedó, ¿su nombre? Fiore Padula. Hasta hace poco tuvo un establecimiento en la avenida México de esta capital. Lleva 52 años ejerciendo su actividad.Los aumentos de los precios de alquileres a límites inalcanzables nos van a dejar sin irnos adónde acudir para que nos corten el cabello. Ya es hora de que se regule a esa nueva actividad.Los otros dos caballeros son otros veteranos con casi los mismos años de Fiore, de pasear sus tijeras en una variedad de testas que sería muy largo detallar.Ellos responden a los nombres de Víctor Garrido a su izquierda y Horacio también Perigault, descendiente directo de aquel barbero francés del cual ya nos referimos.También llevan más de 50 abriles ejerciendo su habilidad.Las otras dos fotografías de hoy nos dejan ver diversas formas de peinados masculinos de diferentes épocas y países así como una variedad de bigotes, aunque existen más grandes. Como última fotografía le mostramos una del año 1900 en Europa.Y ya para terminar esta parte, recordemos una anécdota del también famoso Andrés Vernaza, barbero de Arnulfo Arias y al cual hasta lo nombró como jefe de la oficina de actividades detectivescas del país; el DENI. Dice que una vez que fue a arreglarse la cabellera el ex presidente Arias, Vernaza le preguntó: ¿cómo quiere que le corte el pelo doctor? “Calladito, no me hable mucho”, fue la contestación. ¿Y qué decir de los clientes famosos y sus preferencias?Esperamos que esto lo haya podido gozar.Y a ver si en el futuro hablamos de sastres y otros recordados oficios. Hasta de vendedores de raspados de antes estamos acumulando información. |
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Ojalá que en un futuro cercano podamos encontrar suficiente material para poder desarrollar el tema de algunos oficios que para nuestro bienestar han sabido sobrevivir.
Uno de ellos es el de los peluqueros o barberos, a los cuales con determinada frecuencia tenemos que acudir.
La historia de esta honesta y útil profesión tiene ribetes del mayor interés. Basta con recordar los que además de su imprescindible oficio cumplían con otro nada menos que los de la cirugía menor.
Fue así como aplicaban sanguijuelas, utilizadas antes para muchas enfermedades, o sajaban para también producir sangrías. También aplicaban ventosas muy populares y frecuentes en ciertos casos de enfermedades respiratorias y hasta extraían dientes y muelas.
Después, poco a poco y a medida que la medicina clásica avanzaba, se les fue prohibiendo que salvo por el corte de cabellos, barbas o bigotes, amén de masajes, tinciones u ondulaciones en las pieles, aquellos prospectos de cirujanos sin estudios, pero con cierta experiencia, se deberían de acabar.
En el antiguo Egipto, del cual nos ha quedado infinidad de dibujos, pinturas y esculturas, vemos casos de varones rasurados y el pelo corto, además de que nos quedaron ejemplos de ciertos ejecutores de la profesión ya mencionada de cirujanos menores.
Las barbas eran comunes y daban autoridad y, en su mayoría, tenían una forma de cubo, muy original por lo demás. En Alemania se les conocía como los Kurey, y en Roma los Teusares, vaya usted a saber por qué. A veces trabajaban en ciertas esquinas de la calle y en otros casos, en ciertos sitios donde además eran punto de reunión para también conversar. Ya desde el siglo XV formaban un gremio en Inglaterra.
Las referencias escritas acerca de esos oficios durante variadas épocas son fáciles de encontrar.
Hablándoles y preguntándoles a los profesionales que aquí aparecen en las fotografías, acerca de que otros colegas recordaban en los tiempos pasados, nos citaron esos establecimientos en el hotel Central, en el Club Unión, muchos en la avenida Central cerca de Santa Ana y más adentro en ese populoso barrios además —claro que en Calidonia, también de los más modernos barrios, no hicimos averiguaciones—.
Américo Rodríguez, Víctor Barría, Enrique Camales, Pedro Fuerte, Juan Glenius, Aristides Vergara, Lisímaco Barrios (?), Zenobio Guerra, Pablo Rueda, Domingo Torres, Mario Bonadie y su hermano, Andrés Vernaza son algunos nombres que si acaso no son del todo verdaderos es a causa de las frecuentes dudas y olvidos en que nuestros cooperadores pudieron incurrir.
En el hotel Colón o viejo hotel Corcó también existió una peluquería.
Pero los barberos o peluqueros también ofrecían masajes faciales y craneales, tinciones de cabello, aplicación de lápices y piedras antisépticas, extracción de barros y comedones de la piel facial, cortar el cabello al rape, algo que últimamente ha vuelto a estar de moda otra vez. Luego vino el manicure.
En el directorio comercial de la ciudad de Panamá, elaborado por Francisco Posada en 1898, figuran 15 peluqueros en esta capital.
Además de la de Perigault ya mencionada, aparecen las de Claudio Carvajal, Eduardo Estero, Aureliano Arenas, José María Díaz, Vicente Vivarronda, Alejandro Urquilla, de Violet, de Refranch, León Montilla, N.S. Ramos, Juan de Dios Grau, Azael Tachar. Todas en el Casco Antiguo y Santa Ana y con sus nombres comerciales además.
Hacer crespos con el pelo fue otra modalidad del trabajo de los barberos.
¿Y qué decir de los equipos, de los uniformes y la variedad de sillas? Para los niños todo era muy especial, comenzando con los llantos, gritos y alaridos de algunos menores para los cuales todo aquello era un terrible castigo. En fin, espero que muchos recuerdos, esta crónica, les haya podido traer.
FUENTES
Textos: Harry Castro Stanziola
Fotografías: libro ‘Barberos y peluqueros, procesadas por Ricardo López Arias
Comentarios: vivir@prensa.com
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