PUNTOS DE VISTA

Estereotipos y sesgos

Xavier Sáez–Llorens
xsaezll@cwpanama.net

Despierta curiosidad el pensamiento estereotipado de muchas personas con tendencia derechista o izquierdista. No caben puntos intermedios, todo lo analizan mediante absolutos y no por grados de certidumbre relativa, filtrado a través de un matiz dogmático, rara vez ecléctico. La génesis de este reaccionar traduce hipocresía intelectual, adoctrinamiento persistente o tozudez ideológica. También, por supuesto, existen individuos con mentalidad de rebaño que siguen robóticamente las directrices de sus líderes, sin emplear mínimo esfuerzo por reflexionar o cuestionar ideas. Lo que más sorprende es que gente supuestamente inteligente, con elevado rango académico, se enrola, con pasión, en algún extremo del péndulo filosófico. Doy algunos ejemplos. El tema del aborto suscita emociones incendiarias. La derecha, usualmente en contubernio con mandatos eclesiales, condenaradicalmente su práctica, mientras que la izquierda lo considera un derecho de la mujer ante situaciones apremiantes. La postura equilibrada, claramente más sensata, acepta el aborto en contextos selectos (peligro de muerte materna, malformación congénita severa, incesto, violación, maltrato machista) e intenta prevenirlo con estrategias de anticoncepción y educación sexual juvenil. En la vida real, las embarazadas pudientes tienen abortos en consultorios privados o en el exterior y las pobres recurren a métodos artesanales o pocilgas insalubres. La despenalización del aborto en los escenarios descritos disminuye disparidad social, letalidad femenina y volumen de abortos provocados.

Otra polémica se refiere al papel que debe asumir el Estado en la esfera ciudadana. Para la derecha, su injerencia debe ser escasa para favorecer iniciativas y creatividades empresariales, eventos que fortalecen la economía nacional y generan empleo. La izquierda, en contraste, sostiene que se requiere un fuerte ente regulador que controle excesos en la actividad privada y reparta riquezas equitativamente. Ambas posturas contienen certezas y falacias.

Las necesidades básicas de la población (comida, agua, luz, vivienda, salud, educación y transporte) deben ser garantizadas por el Estado. A partir de ahí, los bienes y comodidades adicionales dependerán del deseo, denuedo e ingenio de cada quien, desarrollados de manera legítima. La fábula esgrimida por los libertarios de que los mercados se regulan entre sí sufrió un durísimo revés con la devastadora crisis financiera reciente. Por otro lado, el parasitismo estatal promueve holgazanería, improductividad y mediocridad.

La simpatía por regímenes polarizados es otro asunto que dispara sesgos automáticos. La derecha ve solo virtudes en los planteamientos capitalistas de EU, mientras que la izquierda suspira con las ideas comunistas de Cuba. Alinearse herméticamente a un extremo u otro, sin reconocer defectos o debilidades, refleja estupidez fosilizada e inopia bioética.

El capitalismo, en su versión radical, afecta el bienestar colectivo mientras que el comunismo, en su vertiente exagerada, agrede la libertad personal. El primero hace ricos a pocos y pobres a muchos. El segundo hace ricos a los dictadores y pobres a todos. En ambos sistemas hay corrupción e imbecilidad.

Por último, la gente de cada estereotipo se decanta por apoyar a Israel o Palestina en el sempiterno conflicto político-religioso. Excluyo al razonable sesgo que poseen los sujetos con raíces hebreas y árabes. Tendría, también yo subjetividad analítica si Panamá o España fueran atacadas. La derecha habla de que Israel actúa en defensa propia porque sufre, aún durante treguas, constantes atentados terroristas de integristas islámicos que desean exterminar a los semitas, a cualquier precio, arriesgando, incluso, a sus propios compatriotas.

La izquierda aplaude las acciones de un pueblo humilde, preso entre murallas de indignidad, sometido a la marginación por un Estado creado por Estados Unidos y sus aliados, pese a la oposición de las naciones árabes. A ambas partes les asiste razón y sinrazón. Concuerdo en que los grupos fanáticos musulmanes utilizan artimañas sanguinarias para conseguir sus detestables propósitos. Los palestinos, empero, viven económicamente asfixiados, en precarias condiciones sociales, expuestos al desproporcionado arsenal bélico del vecino. Veo solo dos soluciones pragmáticas. O se traslada el Estado de Israel a un territorio pacífico dentro de EU o Europa, en analogía al ostentado por el Vaticano en Italia, o se establece una frontera segura, protegida por fuerzas de paz, que vigile permanentemente la convivencia pacífica entre irreconciliables enemigos.

El problema es, nuevamente, la maligna religión. Mientras ellos procuran exterminarse, Yahvé y Alá cohabitan en milenario letargo en un ilusorio cielo. Como no desaparezca toda institucionalidad mística, esa que recurre a su venerada divinidad para hegemonía, engaño, miedo y negocio, la armonía entre humanos será inalcanzable quimera. Parafraseando a John Lennon, “Imagine there’s no heaven; no hell below us, above us only sky. Imagine there’s no countries; nothing to kill or die for, and no religion too; Imagine all the people living life in peace”. (Imaginen que no existe el cielo, abajo no infierno, arriba sólo espacio; Imaginen que no existen países ni religiones, nada por lo cual matar o morir; Imaginen a la humanidad entera viviendo en paz). ¿Será tan difícil?


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