
FALACIAS
Voy a referirme a la escogencia de un tema contundente para buscar o atraer el beneficio de los votantes. Los candidatos Herrera y Martinelli, quizá presumiendo que en Panamá hablar de cambio es igual que en EU, apelan a este concepto. En nuestro criterio hay diferencias abismales que los asesores de campaña no toman en consideración. Obama pegó por el manejo subliminal del concepto, explícitamente se refería a lo que haría en materia de educación, economía, guerra y migración, pero en el change y en el yes we can había una implicación personal.
El diccionario de la RAE define cambio como: “Acción y efecto de cambiar” y por cambiar establece que es “Dejar una cosa o situación para tomar otra” y “convertir o mudar algo en otra cosa, frecuentemente su contrario”. En la campaña de Martinelli escuchamos y leemos su eslogan “un verdadero cambio”. Este escueto mensaje, a la luz de querer diferenciarse de los partidos a los que llama tradicionales, que se han turnado la silla presidencial durante 40 años, se entendería como que una vez en el poder pondría en práctica una forma de gobernar distinta a la que se ha hecho tradicional. El problema que nos deja “el verdadero cambio” es que no tenemos idea de a qué se refiere; pese a ello, el mensaje ha calado en la mente de miles de panameños.
Si el verdadero cambio al que nos llevaría Martinelli es que cerraría la Asamblea Nacional, eliminaría los órganos que no hacen justicia, detendría la carrera administrativa y que llevaría a la cárcel, por decreto presidencial, a todos los corruptos, debe decirlo para que los votantes sepan lo que hará al respecto, porque con el actual ordenamiento institucional el verdadero cambio no pasaría de ser un sueño. Por allí tendría graves problemas.
Si el verdadero cambio al que se refiere es que reabriría la Oficina de Regulación de Precios para poner coto al aumento de la canasta básica, reduciría el precio de los medicamentos y la edad de jubilación, y establecería un salario mínimo universal, igual al que pague el Gobierno, encarcelando a todos los empresarios que lo burlen y no reporten la cuota obrero patronal al Seguro Social, entonces su eslogan se haría cónsono con la acepción de la RAE, que establece que el cambio es “convertir o mudar algo en otra cosa, frecuentemente su contrario”.
Por allí generaría gobernabilidad, con cambios como estos, que aún no serían los verdaderos cambios que espera el pueblo panameño. Tengo la impresión de que si Martinelli es explícito, empezaría por honrar el eslogan de su campaña. Por ahora, su campaña flota debido a la fatigada imagen del gobierno.
Por su parte, a Herrera y a su equipo de campaña les es difícil hablar de cambio. En primer lugar, porque es un acto de haraquiri político reclamarle al gobierno de su partido que no haya hecho lo que debía, más cuando ella formó parte del gabinete.
Al hablar de cambio tendría que decir qué hizo mal o qué haría diferente a como lo ha hecho el gobierno y, con ello, le restaría miles de votos de los que están convencidos de lo contrario. Los artífices de la campaña de Herrera se equivocan al introducir este concepto en sus cuñas.
Da la impresión de que los creativos trabajan para Martinelli. Este mismo concepto en las cuñas y discursos de ambos candidatos no tiene el mismo significado e impacto, porque los dos no son oposición; Martinelli lo es, y Herrera es la candidata oficial.
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