
El envenenamiento sufrido por cientos de panameños debido a un fármaco distribuido por la Caja de Seguro Social, dejó en evidencia las aterradoras falencias del sistema de salud nacional.
Fue la crisis más grave que atravesó la presente administración. Torrijos, sobrecogido por una cadena interminable de negligencias e impericias dentro de un sistema colapsado, acudió a un grupo de prestigiosos galenos
para que recomendara cambios profundos en la forma como se brinda salud.
Por meses, los médicos empeñaron su prestigio e inteligencia en el estudio del problema, lograron un diagnóstico y ofrecieron
recomendaciones valiosas. Pero la crisis pasó, el tiempo echó tierra al momento político y, como tantas otras situaciones graves del país, la incapacidad o la
cobardía triunfaron.
Los hombres serios de este país (cuyas recomendaciones al menos ameritaban un debate profundo) que acudieron creyéndose convocados por un estadista, han vuelto a sus obligaciones sabiéndose utilizados por otros políticos de ocasión.
El sistema de salud, con espantosas carencias y hasta letales consecuencias, se mantiene intacto, listo para la próxima tragedia.