
[GUERRA]
El chirriar de los tanques y de los carros de combate israelíes indica que el metal de guerra continúa entrando en la Franja de Gaza.
Henrique CymermanEs la sinfonía del dolor. Por la noche, en la frontera entre Israel y la Franja de Gaza, solo se ve la oscuridad que nunca se acaba, pero los ruidos que se oyen nos cuentan toda la historia.
El chirriar de los tanques y de los carros de combate israelíes indica que el metal de guerra continúa entrando en la franja. De repente, sin avisar, se oyen estruendos que provocan una especie de pequeño terremoto; unas veces es la artillería israelí la que escupe, otras son cohetes Qasam lanzados por Hamas desde algún punto en Gaza.
A lo lejos se oye el ulular de ambulancias; unas se dirigen a toda velocidad hacia los hospitales del interior de Gaza llevando más heridos palestinos; otras corren hacia la frontera israelí transportando víctimas de un proyectil de mortero islamista.
En el aire corre el incesante ronroneo de los aviones sin piloto israelíes, que con sus potentes cámaras desnudan la superficie palestina, haciendo una radiografía –jamás del todo precisa– de todo lo que ocurre en su territorio. A los extranjeros, cuando duermen en territorio palestino, les cuesta conciliar el sueño por ese ruido monótono y continuo. Cuando hablas de ello a los palestinos, no entienden a qué nos referimos: un periodista de Gaza que viajó a España me contó que le costaba dormir porque le faltaba el ruido del avión sin piloto.
De repente, siempre en la oscuridad, se oye un silbido que hiela la sangre y se ve una luz. Dos segundos y una eternidad después se oye una explosión que hace temblar a un grupo de periodistas que, unos junto a otros, como para darse calor, transmiten en directo para países de todo el mundo.
Hasta entonces se movían en la frontera como si fueran inmunes a las bombas. Tras el estruendo ensordecedor en la torre de Babel periodística, todos gritan lo mismo. “What was that impact?”... “¿Isto foi um tanque?”... “Mi pare di haver visto un missile”...
Segundos después aparecen de la oscuridad dos monstruosos helicópteros Apache que se eclipsan en la noche hasta que lanzan una bola de fuego sobre algún objetivo en Gaza.
Hace pocos días cientos de periodistas de todo el mundo estaban festejando la Navidad y el fin de año con sus familias, en puntos alejados por los cinco continentes, y ahora se encuentran en una tierra extraña, en una guerra que no les pertenece y que no siempre terminan de entender.
Para enterarse de lo que está pasando, los periodistas gritan a menudo con sus teléfonos móviles a los colegas de sus respectivas redacciones, gente sentada en una silla que sigue al minuto las agencias de información... “Dime ... ¿Qué está ocurriendo aquí?”... De repente llega un taxi directamente desde el aeropuerto: es un periodista japonés que ha escrito la crónica antes de llegar. Todos los idiomas se mezclan en una especie de esperanto de la guerra.
Los momentos más difíciles son cuando, sin esperarlo, nadie sabe por qué, siempre en la oscuridad, se producen largos silencios... Todos esperan que eso no signifique que está pasando un ángel. Pero el temor interno es que, poco después, segundos después, en Gaza o en Israel, haya quien no pueda temblar más.
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