
EXPECTATIVAS
El 20 de enero de 2009, Estados Unidos, la nación que ha modelado el rumbo del mundo en el último siglo como potencia hegemónica global, estrena nueva administración.
Las características del nuevo inquilino de la Casa Blanca revisten este acontecimiento de un atractivo reforzado: primera vez en la historia que un afroamericano, minoría étnica, ocupa la presidencia. Esto lo dota de un simbolismo significativo que resume aquel ideal de que en “Estados Unidos todo es posible” con esmero y dedicación; es el “sueño americano” excepto para los incrédulos patológicos. En esa nación, en términos generales, las minorías étnicas han tenido una mejor integración y adaptación que en Europa, ni que decir de otras partes del planeta. Luego de ocho años de áspera presidencia de su antecesor, quien enfrentó con métodos e instrumentos del siglo XX las amenazas y retos de un mundo del siglo XXI, Obama tiene el camino despejado para, desde una perspectiva más reposada, encarar estas nuevas amenazas de poderes transnacionales no estatales; a los cuales no se les puede aplicar al pie de la letra el catálogo de convenciones y normas que se requieren para enfrentamientos con enemigos estatales definidos. Sin embargo, la crisis financiera global le ocupará gran parte de sus primeros dos años de gobierno. Los primeros pasos que ha dado no dejan duda de que tomará decisiones difíciles pero necesarias. Su equipo de relaciones exteriores dará soluciones en armar un nuevo conglomerado de alianzas políticas internacionales y reestructurar la hegemonía norteamericana en un mundo impredecible y lleno de peligros por el terrorismo.
Cuatro son los ejes temáticos que debe abordar Obama para fortalecer a EU y a las naciones aliadas del sistema económico capitalista. Estos ejes son: la educación en sus diferentes niveles y facetas; la implementación de un sistema de salud y seguridad social más moderno basado en emprendimientos del sector privado con los gobiernos locales y el gobierno federal; la renovación del sistema legal de inmigración que permita adecuarlo a las necesidades económicas de las partes involucradas, e iniciar los pasos hacia la diversificación y eficiencia de la matriz energética del país, que baje el consumo de hidrocarburos y disminuya, en porcentajes crecientes a partir de 2010, la dependencia al petróleo extranjero, dominado en gran parte por Estados inestables y renegados. Esto último traería repercusiones revolucionarias. Estados Unidos, con Obama, se prepara para mantener el liderazgo mundial. El sistema internacional se ha “americanizado” con potencias regionales que se asoman en la transición hacia un mundo multipolar en niveles en el que EU será el primum inter pares. Antes de ello, se estará dando un sistema internacional caracterizado por una “unipolaridad blanda” (institucionalizada) estadounidense, necesaria para la integración de las potencias emergentes en el rejuego de poder. Hay y habrá nuevas potencias, porque se han “americanizado” no porque EU se debilite. Pero para que ello dé lugar no solo deben aspirar a consumir como los estadounidenses sino a gobernarse como tales. Los mismos criterios que se usan para exigir de EU un responsable reacomodo de las relaciones internacionales en sus distintos ámbitos para un mundo mejor, son aplicables para aquellos que aspiran a tener influencia a nivel mundial y no deben esperar a que solo EU cambie; y menos pensar que Obama les va a promover gratuitamente todo.
En Panamá debemos estar atentos a estos sucesos para ver si obtenemos un posicionamiento favorable con EU y sus aliados. Para ello necesitamos un servicio exterior de excelencia y corresponsales periodísticos despojados de animadversiones partidistas carentes de objetividad.
• La prevención contra la delincuencia: Severino Mejía
• Obama, Estados Unidos y el mundo: Eduardo Espino López
• Nuestra espada de Damocles: Mauro J. Zúñiga A.
• La tierra prometida no se vende: Jorge Gamboa Arosemena
• Las lluvias del mes de noviembre: Raúl Arias de Para