DESIGUALDADES

Nuestra espada de Damocles

1144408 Mauro J. Zúñiga A.
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En octubre de 1968 cuando los militares dieron el golpe de Estado, existían algunas situaciones que merece la pena recordar. El denominado movimiento popular, entendiendo por lo mismo la unión de sectores sindicales, estudiantiles, profesionales y ciudadanos no afiliados, había conquistado los espacios públicos, dado el desprestigio e incapacidad de los partidos políticos. Este movimiento se movilizaba con banderas propias en las que destacaba la conquista del ser nacional, el repudio a la corrupción y la lucha por la equidad distributiva.

El rechazo a los tratados canaleros Robles–Johnson fue la gota que colmó la paciencia a los amos del mundo. Panamá, que es considerada el patio interior de Estados Unidos, no se podía dar el lujo de desestabilizarse, en un momento en que la región vivía una tensión social y política de alta envergadura, dada, incluso, por la presencia de movimientos armados de corte revolucionario y de aceptación ciudadana.

La militarización de América Latina no fue producto de actos nacidos espontáneamente en cada país. Fue un plan maestro que logró diezmar a toda una generación de jóvenes ilusionados con la posibilidad de vivir en un mundo mejor. Todo terminó. Hoy queda el recuerdo de la sangre, el dolor y el luto. El sentimiento nacional desvanece, la corrupción flamea campante por los cielos de América Latina y la inequitativa distribución de la riqueza sobrepasa los límites del asco.

Así como la militarización, la desmilitarización del área también obedeció a un plan maestro. Y de repente, la luz iluminó a todos a la vez y vino lo que se denomina “democracia”, término que de tanto asociarlo a lo que ocurre en la realidad, vamos a terminar por repudiarlo, como hizo Noriega con el nacionalismo, al fusionar el concepto con su propio nombre, machete en mano.

El año 2009 nace con matices políticos parecidos a los de 1968, con el agravante de que la situación económica golpea con más fortaleza. La corrupción rompió todos los controles. Los ricos pasean su indolencia por las cocinas de los pobres, que cada día se enflaquecen más. Los políticos de todas las estirpes ni se sonrojan al enseñar su oportunismo sin ningún tapujo. Dicho mejor: la razón de ser de los partidos políticos es la de permitirle a sus dueños la conquista del poder para enriquecerse y mandar. ¿Y el pueblo?

Las explosiones sociales están a pocos metros de distancia. Luego de la toma de posesión del próximo (a) presidente (a) del país, cuando la euforia y las esperanzas se volatilicen, la gente volverá a encontrarse con su misma realidad. Es allí donde las protestas irán tomando consistencia, y es justo para ese momento en que las “fuerzas del orden” se están preparando. Ya el señor Torrijos Espino, tal vez sin darse cuenta de lo que ha aprobado, disparó el arma que le prepararon los chicos de Bush. América Latina está en crisis. Sectores de izquierda han tomado el control político de varios países; pero Panamá, la pequeña Miami, la del Canal, el nuevo centro mundial del shopping, tiene que seguir sonriendo hacia afuera. Por eso se prepara para reprimir el descontento, organizado o no. No hay que ir a la escuela para saber que el (la) presidente (a) entrante no tiene la capacidad para gobernar, y menos para dar respuestas. Pero eso no importa. Ya se les dio la luz verde a los nuevos militares. Están listos para tomar de hecho el poder político. ¿Seremos el primer país en sufrir sus estragos? Esa es nuestra espada de Damocles.

En vez de perder el tiempo y las energías en darle seguimiento a este proceso electoral que no ha logrado superar los circos rodantes del Penonomé de mi infancia, me atrevo a proponer que aligeremos los pasos en la construcción del Panamá decente. El “país decente” por el cual luchó siempre Carlos Iván Zúñiga Guardia.

Afortunadamente la mayoría formamos ese país; el problema es que no nos hemos dado cuenta y por eso se está a la espera de las migajas que los corruptos, que están y estarán en el poder, tengan a bien soltar. Tampoco perdamos tiempo dándoles clase de moral política a los que se rasgan las vestiduras para sentarse en la silla del Poder. Sí debemos recoger los datos históricos que nos indicaron que cuando los militares dieron el golpe de Estado de 1968 tomaron como bandera la lucha contra la corrupción política; y vea en lo que terminaron.

Tenemos que impedir que se lleve a cabo lo que se nos tiene programado. Con la carta del Panamá decente en nuestras manos, podemos construir una nación próspera, libre, segura, sana y educada. En esto no podemos delegar responsabilidades, porque la tarea es de todos. Nos movilizamos ahora o lloraremos mañana.


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