
Los habitantes de Boquete –en la altiva provincia chiricana– han logrado en unas pocas semanas hacer florecer un valle que quedó desolado por las inundaciones en los meses de noviembre y diciembre. Mostraron el músculo en vez de las lágrimas –en este caso más que justificadas– pues lejos de sentarse a lamentar la desgracia, comenzaron la ardua labor de reconstruir, que no era poca cosa. Y así, la voluntad venció al infortunio.
Pero hay lugares donde nuestros ojos no llegan, donde la catástrofe está tan presente como el primer día de esas lluvias. Garantizar la ayuda a poblaciones que lo perdieron todo, debe ser una prioridad para el Gobierno. No bastan colchones o ropa. La necesidad tiene otras caras: el drama que viven los indígenas; campesinos que perdieron sus cultivos, niños que quedaron sin escuelas y familias sin hogar.
Es allí donde deben estar los políticos; donde deben ayudar los candidatos, donde tiene una deuda esta administración. La Feria de las Flores mostrará una vez más su mejor cara. Pero ¿podremos mirar los rostros de una familia sin hogar ni recursos? Esperamos que esta vez la labor gubernamental no quede solo en promesas.