
[DISPUTA CONTRA AL FATAH]
El grupo Hamas no quiere que Mahmud Abbas siga al frente del Gobierno palestino y demanda que se retire en la fecha estipulada, mañana jueves, 8 de enero.
Jeff AbramowitzHamas está luchando contra los israelíes en la Franja de Gaza, pero este movimiento islámico podría verse pronto involucrado en otra batalla, esta vez contra su fiero enemigo, el partido secular Al Fatah del presidente palestino Mahmud Abbas. La gestión de cuatro años del presidente termina, este 8 de enero. Sus asistentes, en base a una enmienda que no ha sido ratificada, insisten en que puede permanecer en el cargo por un año más, para permitir que se celebren elecciones presidenciales y legislativas. Hamas dice “no” y demanda que Abbas se retire en la fecha estipulada y que el líder del Consejo Legislativo Palestino, Aziz Dweik, oficie como presidente por 60 días, tal como lo determina la ley. De todas formas, Dweik cumple una condena a prisión de tres años en Israel y los israelíes no parecen dispuestos a dejarlo en libertad para que Abbas, su principal socio de paz, pueda ser reemplazado por un representante del movimiento que niega el derecho a existencia del Estado de Israel.
Hamas ha dicho que declarará a Dweik nuevo presidente en funciones, pero esto fue antes de que la agrupación se viera inmersa en los combates contra Israel, lo que obliga ahora a sus líderes a permanecer ocultos en algún sitio de Gaza. Algunos palestinos piensan que los problemas de Hamas evitarán que siga adelante con sus planes políticos de nombrar presidente a Dweik, aun cuando esto implique un gran avance en sus aspiraciones a convertirse en el principal representante del pueblo palestino. Para alimentar esta teoría, dicen que tal jugada podría no solo desviar la atención respecto a la actual batalla contra los israelíes en Gaza, sino también ampliar la profunda brecha entre los dos rivales -Hamas y Al Fatah- en un momento en que los palestinos necesitan unidad y respaldo en el enfrentamiento con Israel.
Las tensiones entre los dos movimientos estallaron en junio de 2007, cuando hombres armados de Hamas tomaron por la fuerza el control de Gaza. A eso se suma que ir contra Abbas podría enfurecer a los Estados árabes moderados, principalmente Egipto, algo que el movimiento islámico no se puede permitir tras haber lanzado un acto de provocación al no presentarse en El Cairo en noviembre para participar en conversaciones con Al Fatah y al rechazar las propuestas egipcias para renovar la tregua con Israel. Otra desventaja es que un Abbas humillado podría estar menos resuelto a impulsar un cese el fuego entre Israel y Hamas. Por el contrario, que Hamas anuncie que su candidato reemplazará a Abbas contribuiría a hacer sentir a la opinión pública palestina y a la comunidad internacional en general que el movimiento es una fuerza ante la cual hay que seguir atento y que no puede ignorarse.
Una maniobra tal permitiría a Hamas restaurar parte del prestigio perdido, por los incesantes ataques israelíes que han destruido todas sus instalaciones en la Franja y han llevado a sus líderes a la clandestinidad, y por Egipto, que no escatimó palabras en culpar a Hamas por la actual crisis.
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