
UNA MEJOR ELECCIÓN
Es obvio que desde hace más de un año los panameños nos encontramos inmersos en plena puja y repuja electoral, viendo desde distintas perspectivas cómo cada candidato a los distintos puestos de elección popular aplica una estrategia que lo lleve a ocupar el anhelado cargo público. Por otro lado, es tiempo de bonanza para las empresas encuestadoras, quienes aprovechando la burbuja de oportunidad que les representa el proceso electoral no dudan en dirigir sus mejores oficios e intenciones para aplicarse en realizar las ya esperadas y notorias encuestas políticas.
Llama mi atención que una mirada superficial a los resultados de todas las encuestas políticas realizadas hasta el momento, nos enseña obvias similitudes en cuanto a lo que representa la intención de voto, con algunas variaciones, en lo que respecta al porcentaje de votos que separa a un candidato del otro. En cuenta resumida, pareciera ser que el electorado panameño ya se formó una opinión con respecto a por quién votará en las próximas elecciones, al menos para el cargo público de mayor jerarquía en nuestro país… el de Presidente de la República.
Pero, ¿en qué fundamentamos los panameños nuestra decisión de votar por uno u otro candidato? Aparte de campañas políticas que en poco o en nada propician el análisis sobre cuál de los candidatos sería el más conveniente para la nación, poco es lo que se ha escuchado sobre los planes de gobierno, las propuestas, los compromisos de los candidatos, las probables soluciones a los graves problemas que afronta nuestro país; y ¿qué acerca de los análisis políticos, los debates, y las mesas de discusión? Lo que hemos escuchado en concepto de propuestas por parte de algunos de los candidatos a la Presidencia han sido banalidades; promesas que carecen de bases realizables; propuestas con poca sensatez jurídica; premisas superficiales que no soportarían el escrutinio público; y, en el mejor de los casos una que otra atractiva idea hilvanada con mucha creatividad, pero poca probabilidad de concretizarse… sin embargo, ya los panameños prácticamente hemos tomado una decisión sobre quién será el próximo presidente.
Por todo lo anterior, pareciera ser que los panameños no somos capaces de abandonar aquella mala práctica de tomar decisiones importantes en nuestras vidas basándonos en fundamentos meramente emocionales en vez de racionales, sin llegar a realizar un análisis profundo, dedicado y minucioso de la situación desde un prisma más amplio. En el limbo queda la experiencia; la historia vivida, pero al parecer olvidada, y optamos por entregar mayor preponderancia a nuestros impulsos, a nuestra espontaneidad, a nuestro lado sentimental y emocional. Y es que actuar según nos dicte nuestro corazón, no está mal; sin embargo, soy un convencido de que el tema político es uno de esos en donde una conciencia crítica debe prevalecer. En fin, pareciera que en ocasiones preferimos dejar en el olvido aquella característica que nos hace humanos: el raciocinio.
La invitación es para que nos formemos un criterio más racional y menos emocional con respecto a qué aspiramos de quienes nos gobiernan; si como ciudadanos demostramos poca capacidad de análisis, entonces cómo evitar que la clase política nos continúe subestimando.
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