
daño ecológico en azuero
El Frente Santeño busca, de forma pacífica, que el proyecto minero en Cerro Quema se elimine definitivamente.
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| devastación. En Cerro Quema se pretende desarrollar un proyecto minero para la explotación de oro en la zona de Azuero. Este proyecto pondría en riesgo la vegetación y los cultivos de los moradores de la región LA PRENSA/Archivo1143017 |
La ruta del turismo y del desarrollo parece medirse por los kilómetros de pavimento en buen estado. En el oriente de la península de Azuero, los huecos y el abandono comienzan al terminar Playa Venado. Ya Isla Cañas es otro paisaje, sin carteles de inmobiliarias ni paraderos de buses pintaditos de rosa ni ofertas de hoteles ni nada. Si se sigue recto y se evitan los cráteres que hacen de carretera, espera Tonosí. “El pueblo olvidado” o “el pueblo perdido”, explica Arturo Moreno, secretario del Frente Santeño Contra la Minería, mientras apura el café con leche de la mañana y termina de organizar el encuentro.
“Dicen que estamos callados, que quizá nos han comprado, como a otros. Hoy van a ver que no”. El Frente nació el 18 de abril de 1997 para enfrentar a la compañía minera que pretende explotar el oro que guarda Cerro Quema y hoy, 11 años y medio después, parece que fuera un adolescente lleno de bríos. Sus miembros han alquilado un equipo de sonido y esperan recoger entre los participantes la plata para pagar la hora de emisión por Radio Península de Macaracas.
Frente a Novedades Selirey se instalan los parlantes y se apuesta a la concurrencia, aunque hoy se compite con las confirmaciones en la Iglesia católica y con un acto del PRD que ocupa gentes y buses. “Nuestra gente aparece, va a ver usted”, insiste Kuny Rodríguez, el líder del Frente que pasea su causa por ciudad de Panamá en su maletín negro en combinación con sus botas vaqueras y sus patillas perfectamente delineadas. “Lo que hace falta es creatividad. Yo he mal aprendido algunas cosas en la ciudad, pero falta mucho. Mire la pancarta que traje”. Kuny señala orgulloso una pancarta en la que una calavera cruzada por dos huesos acompaña al lema de “mina de Cerro Quema solo genera problemas”.
Frenar la violencia
Las acciones del Frente Santeño tiene como objetivo, por supuesto, que el proyecto minero en Cerro Quema se aborte para siempre, pero por métodos pacíficos. Y, en este momento, contiene a las comunidades campesinas acostumbradas a solucionar los problemas por vías de hecho. “La gente piensa que la vaina es con escopeta”, se lamenta uno de sus líderes. “Conozco bien a esta gente y si la empresa se resbala, esto va a terminar mal”, explica otro.
En el ambiente ronda la amenaza de un desenlace violento. De hecho, en el año 1997 hubo choques con la Policía, detenciones y amenazas cruzadas. Hoy, la situación no es fácil. “Ellos (la empresa) quieren reactivar el proyecto y eso acá no se va a tolerar”, reclama un campesino. La resolución del Consejo Municipal de Tonosí –declarando al municipio libre de minería en enero de este año– fue un buen anclaje, aunque se teme que las autoridades centrales hagan poco caso a este papel emitido desde el poder local. Entre las 80 personas concentradas frente a Novedades Selirey se muestran varias pancartas y un par de ellas reflejan la tensa calma: “Lucharemos si hay que luchar, moriremos si hay que morir”. Aguantan de pie durante dos horas, aclamando a los oradores cuando las palabras se calientan como el clima y prometiendo continuidad en la lucha. A unos pocos metros, varios trabajadores de la mina de Cerro Quema escuchan apoyados en un carro negro. “Mejor que estén acá, escuchando, porque a ellos los utilizan, los engañan por unos dólares”, explica Kuny Rodríguez
En el acto hay palabras fuertes y arengas que animan a la lucha activa. “¿Qué ocurre si la seguridad jurídica de la que habla el Gobierno para los inversores está en contra del pueblo?”, se pregunta Luis Castro, representante del corregimiento de El Cortezo. “Yo no he comido oro. Aquí lo que somos es campesinos y productores”, grita Chollo Saavedra, un lechero del Valle de Tonosí. “Se equivocaron de región, se equivocaron de gente”, advierte el profesor y portavoz del Frente Milcíades Pinzón antes de anunciar: “fuimos los que dimos el primer grito de independencia y gritaremos las veces que haga falta para defender lo que nuestros antepasados construyeron en estas tierras sin ayuda de ningún inversionista”. “Aquí no queremos multas como en Petaquilla, los mineros se tiene que ir”, aclara Pedro Vidal, el mítico líder del Frente Santeño. “Unámonos para construir nuestras alternativas”, insiste Aydis Vergara, una activista ambiental que ha llegado desde Guararé. Como ella, han llegado desde Panamá en solidaridad hasta este apartado poblado, ambientalistas como Julio Yao u Olmedo Carrasquilla, o sindicalistas como Raúl Vega. La resistencia de Cerro Quema es solo uno de los procesos abiertos en el país. Carrasquilla muestra un informe que compila la información del Ministerio de Comercio e Industrias y en el que figuran algo más de 2 millones de hectáreas solicitadas para exploración o extracción de minerales metálicos en todo Panamá.
Identidad santeña
La reunión en Tonosí se convierte en una reafirmación de la identidad santeña, en una celebración de la tierra, de la tradición. En su libro Voces del Cubitá, Milcíades Pinzón se lamenta “¡Ay de la pena por lo que fuimos! Y de los abuelos iletrados ante los doctos de un mundo tomado en arrendamiento”. Pero en Tonosí, los supuestos “iletrados” hablan con datos y prometen una lucha larga para defender su modo de vida y su medio ambiente.
–Pero los santeños tienen fama de ser un peligro para el medio ambiente.
–Eso era así quizás antes, pero yo desde hace 10 años soy ecologista. El santeño ha cambiado y se ha dado cuenta de que convivir con la naturaleza es lo más hermoso, defiende con vehemencia Arturo Moreno, con su sombrero “pepita de Guate” ajustado y sus palabras de “docente”.
“Mire señor, yo solo cultivo lo necesario y en el resto dejo crecer el monte porque no hay nada mejor que ver en las tierras de uno a sus venaditos y a los pájaros”, insiste un anciano campesino en el camino de tierra que conecta Tonosí con el mundo “en arrendamiento”. “Las minas sacan el oro y dejan un desierto después”, remata este hombre orgulloso del cerro donde vive y cultiva, y cuya continuidad está en duda porque su hijo mayor prefirió trabajar en la ciudad. “Yo creo que mejor le iría acá, pero...”.
El modelo está en riesgo y la minería parece ser solo una de las amenazas. “Lo que nos tememos es que con la concentración de tierras que se está dando en la península por los proyectos mineros y turísticos, se vaya a dar una migración santeña terrible. Las propiedades de menos de 50 hectáreas están desapareciendo y las de más de 50 están creciendo”, explica otro de los líderes del movimiento sin más agenda que defender estas tierras de las inversiones sin cabeza. Lo cierto es que solo hay que manejar por estas carreteras para ver cómo la venta de tierras ha sido intensa, y hay que hablar con los locales para ver cómo casi nadie está contento con el cambio de uso, y de costumbres.
El acoso es tal, que ya hay voces que vaticinan una explosión violenta en la zona que para el observador externo no suena remota. Mientras, en Tonosí se concreta un compromiso con la vida: “No dejaremos que la angurria [ambición desmedida] se tome este Valle ni que arruine a las generaciones futuras”, se escucha por Radio Península. Milciades Pinzón, mientras, en sus textos, vaticina un futuro diferente: “Volveremos a nacer para que Quema no sea pasto de la angurria que atalaya codiciosamente el resplandor del oro (...) el campesino hará del canto y la décima una promesa de redención; el hedonismo será reliquia del ayer y la inteligencia disipará la sombra de la estulticia”.
La tenacidad del que está enraizado. “Aquí hay una diferencia con respecto a las comunidades de Donoso (Petaquilla). Estos campesinos tienen autonomía económica y una identidad muy fuerte, pueden aguantar el tiempo que sea”. El sociólogo santeño Milcíades Pinzón conoce bien esta tierra y a esta gente. Su explicación justifica cómo el Frente Santeño se creó solo cuatro meses después de que se aprobara el contrato de explotación de Cerro Quema.
Aquel año fue clave en la resistencia de estas gentes. Manifestaciones de hasta 5 mil personas, enfrentamientos con la Policía, arrestos, la renuncia del gobernador de la provincia, las negociaciones con el Gobierno y la paralización del proyecto por casi 10 años, hasta que en 2007 el proyecto minero se reactivó. El frente tiene algunos principios claros que mantiene desde el inicio. Arturo Moreno, secretario general, lo explica: “No vamos a Panamá a negociar. Quien quiera que venga acá y hable frente al pueblo; no recibimos ni un balboa de la empresa ni de nadie cercano. Más de 12 mil campesinos participan de una u otra manera, y tenemos comités en todas partes”.
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