
RETROCESO
En 1953, Eugene Staley hizo una investigación para el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de EU, y clasificó a Cuba entre los 31 países más desarrollados del mundo. En 1950, la Misión Truslow –del Banco Mundial– recomendó diversificar la economía cubana; señaló que con excepción del combustible, Cuba poseía los recursos necesarios para ello. En 1949, la industria representó el 15% del ingreso nacional. En 1950 aumentó al 25%, gracias a que se invirtieron 462.4 millones de dólares en la industria no azucarera: extractiva (120.2), electricidad (90.0), refinación de petróleo (68.0), papel y elaboración de madera (46.0), metalúrgica (21.3), química (17.2), materiales de construcción (9.8), tabaco y licores (4.5), alimentaria (3.6), textil (1.8) y otras (80.0).
El economista español Julián Alienes Urosa señaló que la inestabilidad era la característica principal de la economía cubana, por depender de la producción de azúcar y su exportación a EU.
El PIB se incrementó un 58% de 1945 a 1947, se redujo un 7% en 1949, aumentó un 34% en 1952, disminuyó un 24 % en 1955 y aumentó un 42 % en 1957.
En 1958, el salario promedio mensual en la industria tabacalera era 359 dólares; en la industria cervecera, 273 dólares; mientras que en la industria azucarera solo era de 120 dólares. El 62% de la población empleada devengaba un salario menor a 75 dólares.
Con 6.5 millones de habitantes, Cuba tenía unos 7 millones de cabezas de ganado. Los pies de cría se exportaban y el precio minorista de la carne era de unos 45 centavos la libra. En consumo de carne, Cuba ocupaba el cuarto lugar en Latinoamérica.
En la década de 1950, en La Habana se construyeron 50 urbanizaciones. Había grandes diferencias entre las zonas rurales y urbanas; en 1957, la Agrupación Católica Universitaria alertó: “La ciudad de La Habana está viviendo una época de extraordinaria prosperidad mientras que en el campo están viviendo en condiciones de estancamiento, miseria y desesperación difíciles de creer”.
Batista huyó el primero de enero de 1959. La Revolución llevó los servicios médicos y educativos hasta los lugares más recónditos, e implementó un eficaz sistema de protección civil para enfrentar los fenómenos meteorológicos. Se trató de transformar la economía; se adoptó un modelo distributivo igualitario que se pudo consolidar relativamente, gracias a la ayuda soviética. Pese a ello, lo mejor que se logró fue ocupar –en la década de 1980–, el séptimo lugar en Latinoamérica en cuanto a ingreso per cápita, por debajo del tercer lugar alcanzado antes de la Revolución.
Según el Informe sobre Desarrollo Humano 2007–2008, el PIB por habitante es de 6 mil dólares, que sitúa a Cuba en el lugar 23 en la región. Con excepción de tres o cuatro años, durante el periodo 1902–1958 el valor de las exportaciones fue mayor que el de las importaciones. Luego, ha sido lo contrario.
En 1958, la deuda externa era de unos 100 millones de dólares. En 1980, aumentó a 3 mil millones. En julio de 1986 se suspendió el pago de la deuda, hasta que a fines de la década pasada empezó a renegociarse. En 2008, la deuda superó los 15 mil millones de dólares. El sociólogo marxista James Petras –profesor de la Universidad de Nueva York–, escribió Cuba: revolución permanente y contradicciones contemporáneas, donde señala: “Mientras que la mayoría de los países asiáticos y latinoamericanos iban a la zaga de Cuba en la década de 1960, hoy han superado a Cuba en la diversificación de sus economías, el desarrollo de sectores competitivos de fabricación para la exportación y la disminución de su dependencia de un grupo limitado de productos de exportación”.
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