
MÉRITOS PARA SER ELECTO
Lejos de Panamá, me preguntaba sobre qué escribir el primer artículo del nuevo año. Me pareció apropiado desear a mis compatriotas un buen 2009, y el ferviente deseo de que en año de elecciones dejemos a un lado razones emocionales, pancistas y triviales, al escoger a quienes nos gobernarán los próximos cinco años; razones como votar arnulfista porque papá lo es; PRD porque Torrijos empleó a mamá; o Cambio Democrático para probar suerte. ¡Señores, el país no es un juego de dados, no es juego de azar! Escoger Presidente, diputados y alcaldes es asunto serio porque de ellos depende, en gran medida, la salud de la nación. Los especialistas predicen que tomará varios años superar la crisis económica mundial que nos afectará a todos en mayor o menor grado. Si ante predicciones tan sombrías, el nuevo presidente practica (o permite) el despilfarro, la improvisación, el saqueo de la planilla estatal y la ineficiencia, ni Dios con peones nos salvará de caer aún más en el agujero de la pobreza, la ignorancia y la inseguridad.
Estar en Washington, D.C. en fecha cercana a la investidura de Barak Obama como presidente de Estados Unidos, ha hecho que este viaje sea diferente. Se percibe el sentimiento de la mayoría de este pueblo que, defraudado por el gobierno del presidente Bush, deposita grandes esperanzas en el próximo gobernante. Los preparativos para la ceremonia en la que Obama se convertirá en el presidente número 44 de Estados Unidos están a todo vapor. La ciudad se quedará chica para el número récord de personas que asistirán a la histórica toma de posesión: a presenciar la realización del sueño de muchos, de que un norteamericano representante de las minorías llegara a ocupar la Casa Blanca, algo impensable hasta hace poco. Las mujeres tendrán que esperar otra oportunidad, que parece cercana, de llevar a la presidencia a una mujer, y mejor que no nos pregunten cómo nos fue con la nuestra para que no se desanimen. Para la mayoría de los norteamericanos el triunfo de Obama significa la reafirmación de los ideales democráticos de este país; el triunfo de un norteamericano que no pertenece a las dinastías políticas ni a los políticos de corte tradicional; un hombre de clase media que impacta por su inteligencia, trayectoria limpia y capacidad de organización; que fue capaz de despertar en la juventud el deseo de movilizarse para llevarlo al triunfo; que enfrentó la maquinaria potente de una adversaria de la talla de Hillary Clinton, y a McCain, candidato de muchos méritos. Para los que creen en la supremacía blanca, el triunfo de Obama los llena de vergüenza, rabia y frustración; pensar en un negro (en realidad, mulato) y su familia ocupando la Casa Blanca les afecta el hígado. Pero, en general, se perciben sentimientos de alegría, de orgullo y esperanza no obstante el difícil panorama nacional e internacional que tiene por delante Obama. El pueblo norteamericano está consciente de la maltrecha imagen nacional e internacional que deja el gobierno de Bush, pero confía en que el joven presidente logre mejorarla. Desde el momento en que jure el cargo, un problema peliagudo que tendrá que enfrentar con trabajo de filigrana política, es la situación actual entre Palestina e Israel, este último, país con amigables y poderosos vínculos con Estados Unidos.
En una importante revista leí entrevistas a cinco jefes de gabinete (chiefs of staff), que trabajaron con los ex presidentes Bush padre, Ronald Reagan y Bill Clinton. Las recomendaciones al futuro presidente Obama, de los reputados y experimentados funcionarios, podría aplicarlas el próximo presidente panameño si tuviera buenas intenciones. Aconsejan: escoger los mejores hombres para los puestos clave; rodearse de personas que le digan lo que necesita saber, no lo que quisiera oír; tener claro que gobernar no es hacer campaña; marcar el paso demostrando que se es líder; ganar y mantener el respeto y la confianza de su pueblo, y que recuerde que a ese pueblo debe rendirle cuentas; que entienda que no gobernará solo con su partido sino también con la oposición y, más importante, con el pueblo que debe ser la voz más escuchada; que su despacho sea el lugar a donde lleguen los problemas del Estado, de los trabajadores y de los empresarios. Un punto en el que coincidieron los entrevistados fue la importancia de rodearse de los más capaces que no ha sido, precisamente, la práctica de los gobernantes panameños, que se rodean de amigos y copartidarios obviando sus mediocridades y malos antecedentes. Recordemos lo que dijo el poeta Herrera Sevillano, “Paisano mío, panameño/ tu siempre respondes “sí”/ Aprende a decirle “no”/ aprende a decirle “no”/ a lo que le dices “sí”. El 3 de mayo digamos “no” a los que no merecen el “sí”.
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