
Viernes 11/7/2008
Ismael Serrano pasea su compromiso por LatinoaméricaPor: Rocío Otoya
Desata carcajadas de la gente pero también zanja una relación estrella-admiradora y así prosigue tranquilo con su repertorio. Ismael Serrano es un treintón de izquierdas que quizás no ha cambiado mucho su aspecto desde sus inicios hace una década en el Parque del Retiro. Él está orgulloso porque ha podido mantener una trayectoria musical sin traicionar sus ideales. No niega que tiene un fuerte vínculo con Latinoamérica y algunas de sus causas reivindicativas, ya sean las Madres de la Plaza de Mayo o los pueblos indígenas de la región. Así lo confirmó en una entrevista con Efe-Reportajes en Lima en la que también arremete contra la hipocresía de la industria musical y pide una mayor “valentía” a los gobiernos europeos. Tienes fuertes vínculos con Latinoamérica, con el lado social… ¿Qué representan para ti? -A Latinoamérica la conocí antes de visitarla, gran parte de mis referencias están en esta parte del continente, quiero decir referencias literarias. Yo descubrí Latinoamérica por la poesía de Pablo Neruda, de César Vallejo, de Jaime Sabines, de Mario Benedetti; a través de la literatura de (Julio) Cortázar, de (Gabriel) García Márquez. (Tengo) referencias musicales que van desde Silvio Rodríguez a Víctor Jara, Mercedes Sosa y hasta referencias ideológicas: las Madres de Plaza de Mayo, los movimientos indigenistas. Digamos que mi mirada estaba puesta en Latinoamérica incluso antes de conocerla. Luego son muchas las visitas que hemos hecho y luego son muchas las experiencias que hemos tenido, muy intensas, no solo desde el punto de vista musical, sino que gran parte de mis amigos están de este lado del océano. ¿Eres consciente que en Latinoamérica, una región con tantas diferencias sociales sin una clase media, las personas que van a tu concierto no tienen nada que ver con el público que va a tus conciertos en España? Para ponerla de una forma más cruda, aquí son las gentes de las clases altas o pudientes las que van a asistir a tus conciertos. Para quien conoce tu música y tu nivel de compromiso, es un poco paradójico. -Es posible que se dé esa paradoja, pero tampoco hay que subestimar a la gente que viene a los conciertos respecto al nivel de compromiso, de conciencia que pueda tener. Yo para lo que fundamentalmente compongo es para generar espacios de encuentro para gente que comparte sueños, un cierto cuestionamiento de la sociedad, que no es muy a menudo capaz de poner en común con el resto de las personas en una sociedad tan atomizada como la que vivimos (...) Si este mensaje, a la gente que viene a mis conciertos, le sirve precisamente para sincronizarse y tomar conciencia, pues bienvenido sea. Además de la música has participado como actor en un proyecto de la película independiente El hombre que corría tras el viento. ¿Se estrenaría a finales de octubre? -Al final se ha pospuesto el estreno, se hará en marzo porque aún está en fase de postproducción. En un concierto en Buenos Aires apareció un director nobel, Juan Pablo Martínez, que me propuso escribir un guión tomando como base una historia que conté en un concierto. A mí me gusta contar historias en los conciertos, y empezamos a escribir el guión en sus visitas a Madrid, en mis visitas a Buenos Aires, y un día en esas reuniones por e-mail, le propuse que si me dejaban participar en un casting del protagonista y me dijo que sí. De pronto me vi protagonizando una película argentina, efectivamente de producción independiente, y la verdad es que fue muy emocionante porque la verdad es que a mí el cine me apasiona. Es una historia que habíamos escrito juntos, el director y yo y porque se trataba efectivamente de una producción independiente y que además tira para adelante por la voluntad heroica de todos los que trabajan ahí, que te contagian ese entusiasmo y se convierten todos en una gran familia. Es muy especial, muy emocionante y a mí me encantó y ahora, antes de venir, antes de emprender este otro tramo de la gira, por aquí por Latinoamérica, estuvimos terminando la (banda) sonora y ahora está en postproducción. Creo que está en la fase de mezclar la música que hicimos en Madrid y en Buenos Aires. ¿Desde hace cuánto tiempo vives de la música? -Yo puedo decir que soy un privilegiado, que vivo de la música desde mi primer disco, que fue disco de platino en España. En Argentina, llevo más de un millón de discos vendidos, hago giras constantemente. Soy privilegiado no solo porque vivo de la música sino porque he tenido continuidad en un panorama musical en donde la vigencia es muy frágil, y porque apuesto por un tipo de música que no tiene todos los espacios a su favor, en un escenario donde la música es tratada como un objeto de consumo, de usar y tirar; una carrera que no se basa en un hit radiofónico ni en un momento mediático concreto, sino que construye un repertorio, una trayectoria. ¿Cómo te afecta la piratería? -Esto de la democratización de la cultura es bastante demagógico. (Creo) que todo trabajo debe ser remunerado, que detrás de un disco hay bastante trabajo no solamente del autor y del intérprete. A mí me encantaría que la cultura, como otras tantas cosas, fuese gratis. Lo que pasa es que detrás de esa llamada democratización de la cultura consideramos a la música porque es susceptible de ser pirateado, pero a nadie se le ocurre que los automóviles debieran ser gratis y tantas otras cosas. A mí sí se me ocurre, me encantaría. Además, la industria discográfica, se lleva un gran porcentaje grande (de las ganancias). -Ocurren varias cosas. En Latinoamérica es diferente hablar de piratería que en Europa: (aquí) existe porque no se tiene dinero para comprar un disco, pero en Europa se convierte en un acto de militancia que muy a menudo no tiene nada que ver con el poder adquisitivo, es gente que en vez de gastar en un disco prefiere comprarse otra cosa. Nadie repara que las entradas para un partido de fútbol sean muy caras, y son terriblemente caras, o para cualquier tipo de ocio. La industria tiene que hacer un ejercicio de autocrítica, estoy totalmente de acuerdo, se deben revisar los precios de los discos. La industria ha perdido la confianza de un amante de música; por lo general, las campañas contra la piratería suelen apelar a la responsabilidad del que compra, se les dice, se legal y apuesta por la música. En España, los medios de comunicación son más herméticos: se tiende a dejar de lado las nuevas propuestas. Más aún, un nuevo artista da una vuelta de tuerca y hace una nueva propuesta y lo tiene muy difícil. Le dicen: “un momento, esto es diferente a lo que hacías y al público le gusta lo que hacías antes”. ¿A tí te ha pasado esto?
-A mí lo que me ha pasado es que este disco (nuevo) no ha sonado en las radios de España. Con todo y con esto, ha llegado a ser disco de oro y nos han ido bien las cosas. Pero hoy por hoy alguien que empieza lo tiene muy duro, más que yo cuando empecé hace doce años. Yo creo que en ese sentido, habría que apelar a la responsabilidad de todos, no solamente de la música sino qué espacios estamos dejando de lado en los medios de comunicación: por ejemplo, Operación Triunfo da una imagen distorsionada de lo que es la música y del triunfo. El debate de la piratería es más complejo, paradójicamente porque la música reporta grandes beneficios a la industria. La música es la única expresión artística que no recibe ayuda del Estado (...) en ese sentido, la música paga por su independencia y por haber recibido grandes beneficios, muchas veces al margen de los criterios estéticos musicales. Creo que muchas veces se responsabilizan a las compañías pero también debería revisarse el papel de los medios de comunicación, porque la radio también participa de la industria.
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