
Viernes 11/23/2008
Richard Gere juega al galán otoñalPor: María-Paz López
La madurez sienta fenomenal a esos actores que, como Richard Gere, se niegan a sucumbir al tinte y pasean con orgullo su cabello cano por el celuloide. A sus 59 años de edad, Gere explota esa faceta de galán otoñal en su película Noches de tormenta. Durante una visita el mes pasado en Roma, Italia, Gere defendió ante la prensa del sur de Europa las bondades de la cinta, un melodrama sobre los amores de una madura madre abandonada (Diane Lane) y un médico torturado por una culpa, en el que se llora a lágrima viva. “Por desgracia, ya no puedo interpretar papeles de adolescente”, bromeó el actor. “En este filme, Diane y yo somos conscientes de interpretar a personajes adultos, que se comportan como tales en el modo de vivir su romance. Está claro que en términos emocionales y profesionales me hallo en un estadio distinto de cuando tenía 25 años”, añadió. Gere ─protagonista de éxitos de los años ochenta como American gigolo y Oficial y caballero─ contó que procura que sus rodajes se adapten al calendario semanal familiar. “Los domingos son para mi mujer, y los sábados entreno al equipo de béisbol en que juega mi hijo”, dijo. “Hemos abierto un restaurante al norte de Nueva York, que está siendo una pesadilla. Mi mujer lo lleva heroicamente. Yo me limito a preparar desayunos... en casa”. El Bedford Post Inn es un restaurante y también posada. Su esposa es la actriz Carey Lowell, con quien se casó en el año 2002, dos años después de nacer su hijo, Homer James Jigme. Antes estuvo casado cuatro años con la modelo Cindy Crawford. “Miras tu vida y vas haciendo ajustes, y eso es lo que vale en materia de segundas oportunidades”, razonó Gere. “Hay que crear un nivel de confianza para escuchar a otra persona. Así, todo es posible”. Budista practicante y ferviente defensor del Tíbet, Gere promueve y apoya a diversas organizaciones humanitarias. En los años ochenta viajó por zonas empobrecidas de Honduras, Nicaragua y El Salvador, así que le chocó ser preguntado por la visión de una Latinoamérica siempre igual, solo pobrísima, que aparece en Noches de tormenta, arguyó. “Latinoamérica no debería ser retratada en el cine siempre de esa manera pero, en lo que respecta a esta historia, era lo apropiado”, aclaró el actor.
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