Viernes 11/26/2008

Florecen los piratas somalíes

Por: Jeffrey Gentleman
The New York Times News Service

BOOSAASO, Somalia. -Quizá este sea uno de los poblados más peligrosos de Somalia, un lugar en el cual puedes convertirte en víctima de secuestro más rápidamente de lo que puedes limpiarte el sudor de la ceja. Sin embargo, es también uno de los más prósperos.

Los cambistas caminan con gruesos fajos de billetes de cien dólares. Palaciegas residencias están surgiendo junto a caseríos miserables con techos de estaño. En la cárcel, algunos hombres evocan recuerdos, que revelan un destello en sus ojos, sobre los días que vivían como reyes.

Esta es la historia de la pujante economía, no tan pirata, de Somalia. El país está en caos, incontables niños mueren de hambre y la gente se mata entre sí en las calles de Mogadiscio, la capital, por un puñado de granos.

No obstante, una línea de trabajo en particular ─la piratería─ al parecer se está beneficiando a raíz de toda esta ilegalidad y desesperación. En este año, informan oficiales somalíes, las ganancias de la piratería están cerca de alcanzar la histórica marca de 50 millones de dólares, exentos de impuestos en su totalidad. "Estos tipos están ganando dinero a carretadas", destacó Mohamud Muse Hirsi, el máximo oficial somalí en Boosaaso, del cual se sospecha ampliamente que trabaja con los piratas, aunque él lo niega rotundamente.

Más de 75 embarcaciones han sido atacadas este año, lo cual equivale a muchas más que en cualquier año en la memoria reciente. Aproximadamente una docena de ellas fueron atacadas sorpresivamente tan solo en el último mes, incluido un carguero ucraniano repleto de tanques, armas antiaéreas y otro armamento pesado, que fue ocupado de manera flagrante en septiembre.

Los piratas usan rápidas lanchas para ponerse al costado de su presa y trepar a bordo con escaleras de mano o, a veces, incluso oxidados ganchos. Una vez que están en cubierta, someten a la tripulación a punta de pistola hasta que se paga una suma por su recate, que suele ser de uno a dos millones de dólares. Las negociaciones por el carguero ucraniano siguen en marcha, y es probable que debido a toda la publicidad, el precio de la embarcación pudiera ascender a más de cinco millones de dólares.

Hoy día, desafortunadamente, pareciera que en Somalia el crimen sí paga. "Todo lo que necesitas es tres tipos y una lanchita, y al día siguiente ya son millonarios", dijo Abdullahi Omar Qawden, ex capitán de la armada somalí, extinta hace ya largo tiempo atrás.

Ahora que la situación está claramente fuera de control, acorazados de Estados Unidos, Rusia, la OTAN, la Unión Europea e India están llegando rápidamente a las aguas de Somalia como parte de un esfuerzo revigorizado en todo el mundo por aplastar a los piratas.

Sin embargo, no es ni será fácil. Los piratas conocen muy bien el mar. Son temerarios. Son ricos y se están volviendo más ricos, con los últimos instrumentos de alta tecnología como unidades individuales de geoposicionamiento. Además, están unidos. Aquí, las inmutables líneas de clanes que han enemistado a somalí en contra de somalí durante varias décadas no son un problema. Varios piratas capturados, entrevistados en la cárcel principal de Boosaaso, dijeron que habían cruzado en fechas recientes las líneas de clanes para abrir nuevas y lucrativas franquicias de múltiples clanes. "Nosotros trabajamos juntos", dijo Jama Abdullahi, pirata encarcelado.

Los piratas también están diseminados a lo largo de miles de millas cuadradas de agua, desde el Golfo de Aden, en la estrecha puerta de entrada al Mar Rojo, hasta la frontera de Kenia a lo largo del Océano Indico. E incluso si las embarcaciones navales logran capturar a piratas en el acto, no es claro qué pueden hacer. En septiembre pasado, un acorazado danés capturó a 10 hombres de los que se sospechaba que eran piratas navegando en torno al Golfo de Aden, mismos que llevaban granadas del tipo que son disparadas con lanzagranadas y una larga escalera. Pero, después de tener detenidos a los sospechosos durante casi una semana, los daneses concluyeron que no tenían jurisdicción para enjuiciarlos, así que dejaron a los piratas en la playa nuevamente, sin sus armas.

Ni siquiera es claro que las autoridades somalíes deseen en su totalidad que la piratería sea detenida. Si bien muchos piratas han sido detenidos, varios pescadores, investigadores occidentales y más de media docena de piratas encarcelados hablaron de nefastas relaciones entre empresas pesqueras, contratistas de seguridad de la iniciativa privada y funcionarios del gobierno somalí, particularmente los que trabajan para el gobierno regional, de tipo semi-autónomo, de Putlandia, que está en el extremo nororiental del país.

"Créame, una buena suma de nuestra dinero ha ido a parar directamente a los bolsillos del gobierno", dijo Farah Ismail Eid, pirata que fue capturado en la cercana Berbera y condenado a 15 años de cárcel.

Su equipo pirata, dijo, típicamente dividía el botín de la siguiente forma: 20% para sus jefes, 20% para misiones futuras (para cubrir gastos esenciales como armas, combustible y cigarrillos), 30% para los artilleros de abordo y 30% para funcionarios gubernamentales.

Abdi Waheed Johar, el director general de las empresas pesqueras y ministerio de puertos de Putlandia, reconoció abiertamente en una entrevista que "hay personas del gobierno trabajando con los piratas". No obstante, se apresuró a agregar: "sencillamente no somos nosotros".

Lo que está ocurriendo frente a las costas de Somalia esencialmente es una extensión de la corrupta y violenta ilegalidad que ha ardido en esta tierra durante 17 años, desde que el gobierno central se vino abajo en 1991. La amplia mayoría de los somalíes terminan perdiendo. Jóvenes maleantes que están dispuestos a servir como fuente de poder y autoridad obtienen empleos, aunque mal pagados, lo cual reduce considerablemente su expectativa de vida. Además, unos cuantos pocos y selectos cabecillas armados, quienes se han sentado a buscar una manera de lucrar a partir de la anarquía, ganan una fortuna.

Consideremos Boosaaso, en otra época una próspera comunidad portuaria en el Golfo de Aden. La piratería está acabando con los restos de la industria local de pesca, debido a que las empresas exportadoras se mantienen alejadas. Además, ha generado un negocio del secuestro en la costa, lo cual, a su vez, ha asustado a muchas dependencias de ayuda humanitaria, llevándose consigo el alimento, la medicina y otras formas de ayuda que hace falta con desesperación.

Muy pocos barcos cargueros llegan a este lugar últimamente, privando a operaciones legítimas del gobierno de impuestos portuarios que mucha falta le hacen. Prácticamente las únicas embarcaciones dispuestas a arriesgarse al viaje son pequeños cargueros de madera, con pequeños motores a gasolina, provenientes de India, esencialmente carcachas de otra era. "Nosotros no podemos sobrevivir de esto", dijo Bile Qzbowsade, funcionario de Putlandia.

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AP
Los problemas de embarques han contribuido a escasez de alimentos, inflación que se dispara por los cielos y menos trabajo para los fuertes estibadores que avanzan lentamente hasta la playa de Boosaaso cada mañana y clavan la mirada en vano en el brillante horizonte, con sus pies descalzos plantados en la arena caliente, esperando que un barco se materialice para que ellos sean capaces de ganarse unos cuantos centavos cargando costales de azúcar de 45 kilos sobre sus espaldas.

Y sin embargo, de manera sospechosa, se han visto muchas construcciones nuevas en Boosaaso. Hay una sección emergiendo en el poblado conocida como Nuevo Boosaaso, con enormes residencias alzándose por encima de las chozas con forma de burbuja de refugiados y las chozas con costados de hierro que muchos pescadores conocen como su hogar. Estas nuevas casas cuestan varios cientos de miles de dólares. Muchas están pintadas de colores llamativos y protegidas por altos muros.

 

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