
Viernes 8/14/2008
“Vitaminas” para la salud de tu parejaPor: María Jesús Ribas
Ante una discusión de pareja las mujeres u hombres suelen adoptar dos actitudes básicas: huyen de la situación, se paralizan y esperan que pase la amenaza, o bien reaccionan atacando al otro, con la intención de reducirlo psicológica o emocionalmente. Ambas opciones son nefastas para la buena convivencia y expansión de la relación, que se va resintiendo cada vez más, hasta que llega la ruptura o el problema se enquista, convirtiéndose en una fuente permanente de malestar y cada vez más peleas y discusiones. Para evitar caer en el círculo vicioso de las peleas interminables, conviene adoptar una serie de hábitos que fortalecen la vida en común: auténticas “vitaminas para la felicidad” compartida. • BUSCA LA SOLUCIÓN. Los problemas no resueltos tarde o temprano salen a la luz. Es un autoengaño pensar que van a desaparecer o resolverse por sí solos. Retornan cada vez con mayor virulencia. “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, e intenta resolver tus desavenencias lo antes posible.
• CONSULTA A UN PROFESIONAL. Si te sientes incapaz de hacer frente al conflicto y los problemas te sobrepasan, es conveniente consultar a un experto y, si es necesario, realizar una psicoterapia de pareja o individual, para obtener otras perspectivas y nuevas herramientas para solucionar el asunto. Es un error muy habitual, pero contraproducente, intentar solucionar la vida de la otra persona, dándole consejos y pautas de comportamiento. Esta actitud paternalista suele encubrir la incapacidad o resistencia a abordar la propia vida. Para prestar atención al otro deja de hacer otras cosas y céntrate en la conversación. Y recuerda que nadie es “dueño de la verdad”: la opinión de cada persona y su forma de entender la vida, obedece a su visión particular, pero hay muchos puntos de vista diferentes igualmente válidos.
Tiempos lúdicos, aficiones, fantasías, proyectos, buenos y malos momentos… Una de las palabras mágicas para que la relación funcione y prospere es “compartir”. Entrégate al otro, averigua como se encuentra, que desea, que le hace sentir bien y mal. “La felicidad compartida es doble felicidad, y el dolor compartido es la mitad de dolor”, reza un viejo proverbio. • APRENDE DE TUS ERRORES. Aprovecha las crisis y los conflictos para aprender más el uno del otro, en lugar de verlas como fracasos. En general la vida puede considerarse como un continuo aprendizaje, donde cada traspié aporta su lección.
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