 |
| EFE |
Según la Academia Americana de Pediatría (AAP), al menos dos millones de niños requieren de asistencia médica cada año debido a accidentes; entre 40 mil y 50 mil infantes sufren daños permanentes y casi 6 mil menores de 15 años pierden la vida.
Donde acaba la estadística comienza una tragedia que es, en muchos casos, evitable.
Una premisa importante: ponte en el lugar de tu bebé. Todavía no establecen la relación causa-efecto y, por supuesto, someter a un millón de reprimendas a un niño de 11 meses es una idea tan desaconsejable como infructuosa. Es mucho más sencillo y efectivo colocar un protector en el enchufe que razonar con tu bebé sobre los terribles efectos de la electrocución.
La AAP sostiene que son tres factores los implicados en los accidentes infantiles: los relativos al niño, al objeto causante del daño y al entorno en el que se produce.
También es fundamental la edad de tu retoño, porque los peligros no son los mismos a los cuatro meses que a los diez. Más o menos hasta los seis meses el bebé no se mueve de forma “autónoma”, y por tanto para garantizar su seguridad habla el sentido común: nunca lo dejes solo o en una situación de riesgo.
CUANDO EMPIEZAN A CAMINAR.
Pero ¡ay! la cosa cambia cuando comienzan a gatear y caminar, pues dejamos de poder evaluar cuál es la situación de riesgo: ellos solitos se bastan para crearlas de la nada. Cada día aprenden cosas nuevas, primero ruedan y son capaces de salvar obstáculos como esos almohadones con los que le rodeaste cuando dormía la siesta en tu cama.
Después crecen por momentos y alcanzan lugares que nunca imaginaste. Cajones, trampas para cucarachas, esa sartén con el mango hacia afuera, las pinzas de depilar en la mesilla de noche –sí, esas que al final nunca usas porque te vence el sueño–.
Así las cosas, parece una tarea titánica asegurar la casa a prueba de niños, pero tranquila, puede hacerse.
Si consideras que con cerrar la puerta de una habitación el problema está resuelto, olvídalo. Nada es tan apetecible para un niño como lo desconocido, ese lugar donde mamá no le deja pasar.
Dicho esto, tienes la opción de meter todo aquello que suponga un peligro
–productos de limpieza, medicinas, comida de mascotas– en una habitación bajo siete llaves.
Pero eso no te exime del siguiente paso: date una vuelta por la casa y, habitación por habitación, evalúa todo aquello que significa peligro.
CONSEJOS PRÁCTICOS.
 |
|
EFE
|
Al margen del examen de seguridad propio de cada cuarto, los expertos ofrecen una serie de reglas que sirven para todas las estancias de la casa:
- Emplea protectores de enchufes en todas las tomas que queden al alcance del niño, y mantén los cables eléctricos fuera de su vista y alcance.
- Si tienes escaleras, es aconsejable que las alfombres para evitar resbalones y te asegures de que los bordes están firmemente fijados al suelo. Además, instala puertas de seguridad -puedes encontrarlas en ferreterías y tiendas de bricolaje- en todos los accesos a las escaleras.
- Algunas plantas de interior (y de exterior) pueden ser venenosas, así que asegúrate de que las que adornan tu casa son inocuas.
- Revisa el suelo constantemente en busca de pequeños objetos con los que el bebé pueda atragantarse, desde monedas a botones, broches,
imperdibles, cacahuetes...
- Mantén fuera de su alcance y bien sujetos a la pared a suficiente altura los cordones de las cortinas, estores, visillos, e incluso de los cojines, ya que son susceptibles de provocar el estrangulamiento. Esto también es aplicable a los cables de ordenadores y otros aparatos: no los dejes nunca colgando donde el niño sea capaz de asirlos.
- Trata de mantener abiertas las puertas de cristal y ten cuidado con las puertas correderas, que pueden atrapar esos pequeños bracitos. Puedes, incluso, plantearte desinstalarlas hasta que tu hijo tenga edad suficiente como para saber cómo funcionan.
- Localiza todos los muebles con esquinas afiladas, especialmente los bajos como mesas de café, y mantenlos alejados de las zonas de “tránsito”. También puedes comprar protectores redondeados para los bordes. En este mismo apartado, comprueba la estabilidad de tus muebles, sobre todo de aquellos altos como estanterías, consolas o lámparas de pie que pueden caer sobre los pequeños si se agarran a ellos. Ancla las estanterías.
- Las ventanas. Lo perfecto sería tener esas que se pueden abrir en “gaveta”, desde arriba, pero si no es así, asegúrate de no poner bajo la ventana ningún sillón o mueble al que el niño pueda trepar para asomarse, y si es posible, instala cierres de
seguridad.
 |
|
EFE
|
- Las bolsas de plástico, tan crujientes y coloridas, son muy apetecibles para los bebés. ¡Ni se te ocurra dejar que juegue con ellas, el riesgo de asfixia es enorme! Guárdalas lejos de su alcance y hechas un nudo. Y si tienes el cubo de la basura a la vista, procura que tenga tapa a prueba de niños.
- Las bebidas alcohólicas, siempre en un armario cerrado.
- El agua caliente lo es aún más para los pequeños.
Una buena forma de prevenir quemaduras y escaldamientos es regular el termostato para que el agua caliente no supere los 48 grados (Celsius). No está de más emplear pantallas para los radiadores y otras fuentes de calor que tengas en casa.
Y por supuesto, recuerda que son niños y que por mucho que te esfuerces se harán montones de heridas durante sus primeros años, porque eso forma parte de la infancia. Un diente roto, alguna brecha, arañazos, quizá un mordisco. Pero siempre tendrás la tranquilidad de que has hecho lo que está en tu mano para evitar males mayores.