Viernes 5/14/2008

Para que dejen el chupete

Por: Patricia Herencias
EFE Reportajes

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MCT/Direct
El chupete es todo un símbolo para los niños. Se trata de su primera posesión, su primer acompañante siempre fiel y un objeto muy preciado por la calma que otorga a su dueño. Por ello, desprenderse de él es un paso difícil para el lactante.

El uso de los “tetes” responde a la necesidad de calmar el deseo de succión del bebé. Algo que se origina ya en el útero materno y que persiste durante el primer año de vida del niño.

Sofocar este deseo es fundamental en los primeros meses del bebé, pero es un error alargar el tiempo de uso de los chupetes más de lo necesario pues también tiene sus desventajas.

Por ejemplo, puede inferir en la lactancia, pues no se sigue el mismo patrón de succión con el chupete que con el pecho de la madre. Puede provocar deformaciones dentales o del paladar que habrá que corregir con los años. También favorece la aparición de caries debido a la permanencia en la tetina de restos alimenticios.

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Incluso puede llegar a provocar infecciones intestinales o de oído, pues el chupete facilita el paso de bacterias de la nariz y la garganta al oído medio.

¿CUÁL ES EL MEJOR MOMENTO?

Aunque ni los propios especialistas se ponen de acuerdo con la edad aconsejable para dejar este vicio infantil, al menos todos coinciden en una idea: el niño debe haber abandonado su uso cuando comience a ir a la escuela o guardería.

Dejar el chupete entre el primer y segundo año de vida es lo más recomendable.

Como mucho, prolongar su compañía hasta los tres años.

En cualquier caso es importante que este paso no coincida con ningún otro acontecimiento decisivo de la vida del niño como el nacimiento de un hermano o el abandono de los pañales.

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Este es un proceso complicado para tu bebé, por lo que debes concienciarte de que has de ayudarlo a dejar el chupete sin traumas y de forma voluntaria. Tu pequeño y tú podéis conseguirlo juntos.

¿QUÉ HACER?

Para lograr que el niño abandone esta costumbre hay que reducir los ratos que pasa con el “tete” hasta que sólo lo utilice para dormir. Esto puede hacerse proponiéndole al crío metas que después tendrán su premio.

Igualmente, podemos hacer uso de la reafirmación positiva, que es eficaz en niños mayores de un año.

Es decir, cuando se comporte maduramente y consiga pasar ratos sin el chupete, felicitarlo y darle un extra de mimos, con frases del tipo “¡que mayor eres!”.

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Al dormirse, quitarle suavemente el chupete para que pierda la costumbre de tenerlo todo el tiempo en la boca.

Hay que guardar los chupetes, que el niño no los tenga a la vista. Cuando te lo pida, no debes dárselo aunque llore. Lo mejor es intentar distraerlo o llamar su atención hacia otra cosa.

El premio no puede ser el propio chupete. Si el niño consigue dejarlo a ratos no vuelvas a dárselo, ni siquiera para calmar rabietas provocadas por otros hechos como una reprimenda o una caída jugando que le haga llorar.

Por último es importante que tengas paciencia.

No caer en la desesperación ante posibles fracasos. Esta es una etapa más del crecimiento y madurez infantil y el niño necesita comprensión para alcanzar la meta final. Tú puedes ser su mayor estímulo para llegar a ella.

 

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