Viernes 12/9/2008

Detección y prevención del cáncer de esófago

Por: Jane E. Brody
The New York Times News Service

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Hace ya medio siglo atrás, mi abuela murió de cáncer esofágico. A lo largo de varias décadas antes de su muerte, una botella de leche de magnesia era su constante compañero porque ella padecía de agruras todos los días, lo cual se conoce actualmente como enfermedad de reflujo gastroesofágico, o GERD (por sus siglas en inglés). No obstante, pasaron muchos años antes que se estableciera claramente un vínculo entre irritación crónica del esófago por ácido estomacal y este cáncer que normalmente es letal.

Ahora que la participación del reflujo ácido es bien conocida en el riesgo de cáncer y en desagradables condiciones médicas como la tos y ronquera crónicas, empresas farmacéuticas comercializan varios productos, tanto de prescripción como los que se venden sin necesidad de ella, que son mucho mejores para controlar la acumulación del ácido estomacal que la leche de magnesia.

Además, los gastroenterólogos ahora saben que deben estar atentos a las primeras indicaciones de complicaciones entre pacientes que padecen la denominada GERD.

El cáncer resultante a partir del reflujo crónico es precedido por una condición benigna conocida como esófago de Barrett, anormalidad celular del revestimiento esofágico que puede volverse precanceroso. Si no es atendido, aproximadamente 10% de los pacientes con esófago de Barrett, con el tiempo, desarrollan cáncer esofágico, que es el de mayor crecimiento en Estados Unidos.

En las últimas cuatro décadas, el número anual de nuevos casos ha aumentado entre 300% y 500%.

La Sociedad del Cáncer en Estados Unidos estima que este año se diagnosticarán 16 mil 470 casos nuevos de cáncer esofágico en este país, al tiempo que más de 14 mil personas morirán a causa de él.

Si se diagnostica en sus primeras etapas, mucho antes que los pacientes presenten problemas para tragar, el cáncer esofágico suele ser curable. La cura es prácticamente segura si el problema se detecta y es corregido antes o durante la etapa precancerosa avanzada. No obstante, para aproximadamente 90% de los pacientes, la detección temprana y el tratamiento pasan de largo, y el resultado es letal.

DETECCIÓN DE PROBLEMAS

Para mala fortuna, el esófago, a diferencia de partes corporales más accesibles como el pecho y la piel, presenta dificultades para ser vigilado. En el examen tradicional, conocido como endoscopía gastrointestinal, al paciente le administran una fuerte dosis de sedantes, normalmente en un hospital, y una sonda del diámetro de una manguera de jardín se inserta a través de la boca y hasta el esófago.

Para los pacientes que sufren a causa del GERD y que ya desarrollaron esófago de Barrett, se recomienda la endoscopia anual para revisar la salud de las células esofágicas. Si una biopsia indica un cáncer próximo o existente, el tratamiento acostumbrado es una operación más bien desafiante, en la cual se remueve todo el esófago o una parte de él y la porción superior del estómago, y las partes restantes del tracto digestivo son unidas nuevamente.

Otra técnica recurre a una terapia ligera para destruir el revestimiento interno del esófago, que puede dar como resultado cicatrices y constricciones que impiden tragar. Después de este tratamiento, los pacientes deben mantenerse fuera de la luz del sol y la luz artificial directa durante aproximadamente seis semanas, para evitar quemaduras severas en la piel expuesta.

NUEVOS MÉTODOS

Sin embargo, ahora existen métodos más sencillos y alternativas más seguras tanto para la detección como para el tratamiento de un problema esofágico, incluso antes que se convierta en un serio caso precanceroso.

Un colega que sufre de reflujo crónico se sometió en fecha reciente a un nuevo método de detección, conocido como Esofagoscopía Transnasal, o TNE. Se puede llevar a cabo de manera segura y efectiva en el consultorio del médico, y no requiere de sedación ni exige que se pierda un día de trabajo. Tampoco deja al paciente con la garganta irritada.

“Asombrosamente fácil”, fueron las palabras de mi colega para describirla. “Fui sometido a un examen en el cual se envió un tubo, delgado como alambre, con una cámara, al interior de mi cuerpo a través de una fosa nasal”.

Su médico, el Dr. Jonathan E. Aviv, director médico del Centro de Voz y Deglución del Centro Médico del Hospital Presbiteriano/Universidad de Columbia, en Nueva York, dijo que él y otros médicos del oído, nariz y garganta por todo Estados Unidos habían empezado a usar esta técnica a mediados de los años 90.

“Los pacientes son examinados despiertos, sentados derechos en una silla”, dijo Aviv en un mensaje de correo electrónico. “Una sonda ultra delgada y flexible, del tamaño de una agujeta, es colocada a través de la nariz adormecida del paciente, yendo más allá de la garganta y después hasta el esófago, evitando por tanto el potente reflejo de náusea que yace en la boca”.

Aviv describió la técnica como un bono triple: se evita el riesgo de la anestesia y la pérdida de horas laborales entre los pacientes, se mejora la eficiencia de la práctica médica en el caso de los médicos y se reducen los costos para las aseguradoras.

Incluso más nueva que la TNE, hay una técnica con la cual se puede diagnosticar y, usando energía de radiofrecuencia, tratar células anormales.

Joseph Broderick de Hudson, Florida, había padecido por años ataques periódicos de reflujo, particularmente después de comer alimentos muy condimentados. “Tenía a la mano una botella de Maalox para apaciguarlo”, dijo Broderick, de 77 años de edad, en una entrevista.

A instancias de su médico, se sometió a una endoscopía y biopsia esofágicas de tipo tradicional, que revelaron la presencia del esófago de Barrett. Le recetaron tratamiento médico, dietario y conductual para controlar el reflujo y le dijeron que regresara en un año para otra prueba.

Pero, antes de la segunda prueba, él empezó ha sentir dolor en el pecho. Esta vez, la endoscopía y biopsia encontraron una displasia avanzada, que es una anormalidad celular que puede avanzar hasta convertirse en cáncer sin advertencia previa. Un nuevo examen tres meses más tarde no encontró mejoría, por lo cual se recomendó una operación.

Al principio, Broderick buscó una segunda opinión del Dr. John E. Carroll, gastroenterólogo y catedrático adjunto de medicina en el Centro Médico de la Universidad de Georgetown. Dadas las opciones de tratamiento, Broderick dijo que la decisión era clara: eliminar las células precancerosas con energía de radiofrecuencia antes que se convirtieran en un cáncer invasivo.

La terapia usa un aparato, producido por la BARRX Medical de Sunnyvale, California, que se ajusta a la punta de un gastroscopio, con un globo que se expande para llenar el esófago. Este aparato, que ya fue aprobado por la Administración de Alimentos y Fármacos, la FDA, va aparejada a un generador que emite energía de radiofrecuencia con la profundidad necesaria para quemar el revestimiento interno del esófago. Después, se forman células normales del esófago para reemplazar a las células destruidas.

PREVENCIÓN

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En un informe publicado este año en la revista de Endoscopía Gastrointestinal, se eliminaron anormalidades celulares en 98% de 70 pacientes que presentaban esófago de Barrett y que fueron atendidos en ocho centros médicos de Estados Unidos. La mejoría se extendió a lo largo de la duración del estudio, que fue de dos años y medio.

En un segundo estudio por parte del mismo grupo de diversos centros, fueron atendidos 142 pacientes con displasia avanzada. La condición precancerosa fue eliminada en 90% de ellos, y las células de Barrett fueron destruidas en 54% de los pacientes en un año.

La interrogante ahora gira en torno a quién debe ser atendido con esta técnica, ya que la mayoría de las personas que presenta el esófago de Barrett nunca desarrolla el cáncer. “El problema es que no hay forma de predecir cuáles pacientes llegaran a padecer cáncer, y cuando efectivamente ocurre, es un cáncer mayor que se extiende rápidamente”, destacó Carroll.

“Así que creo que esta se convertirá en una opción de tratamiento para la mayoría de los pacientes con células de Barrett”.

 

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