
Viernes 10/28/2008
En salud del pecho, tome la iniciativaPor: Jane E. Brody
Es probable, de igual forma, que después de una mamografía nunca le hayan dicho que sus pechos son císticos o densos y que resulta difícil examinarlos, o que contienen depósitos de calcio que suelen ser inofensivos pero deben observarse. La realidad es que los síntomas de los males del pecho son mucho más comunes que la incidencia del cáncer, y puede ser difícil saber cuándo atenderlo. Pero, en la mayoría de los casos, el enfoque proactivo es el mejor. Esta es la historia de una lectora preocupada que me escribió: “Hace cinco años, aparecieron depósitos de calcio en una mamografía: una biopsia arrojó un resultado negativo. Dos años atrás, apareció una pequeña masas de depósitos de calcio en otra área. El radiólogo me exhortó a practicarme más exámenes, al tiempo que mi médico general me refirió a una cirujana que recomendó con firmeza otra biopsia, aunque ella declaró que existían probabilidades de 80% que las calcificaciones fueran benignas. Cayendo en el olvido benigno, decidí dejar las cosas como estaban y di por hecho que yo caería en la misma categoría del 80%”. Si bien esta mujer nunca ha recibido un diagnóstico de cáncer de mama, su postulado de infalibilidad podría haber sido un gran error. Se sabe suficiente con respecto a la importancia de patrones diferentes de calcificaciones como para que, cuando un facultativo enterado recomiende una biopsia, el rumbo más prudente a seguir sea hacerla, mejor antes que después. Si los resultados de la biopsia son negativos, eso acabará con el peso de la inquietud. Si dan positivo, una rápida acción enfocada a remover el cáncer puede salvar la vida, y, con frecuencia, el pecho. Si usted supone que está protegida en contra del cáncer de mama, como supuso esta lectora, ya que tiene buena salud y es fuerte, come bien y se ejercita con regularidad, eso equivale meramente a tener buenas intenciones. Ninguna mujer es inmune, y emprender acciones en las primeras etapas puede marcar una enorme diferencia. ¡NO ESPERE!
Kerry Herman de Brooklyn, Nueva York, siguió el camino opuesto al de dicha lectora, y los resultados fueron muy claros. A sabiendas que su madre había tenido cáncer de mama a los 49 años de edad, ella obtuvo su primera mamografía a los 38 años de edad, justo antes de su primer embarazo de término. Le informaron que sus pechos eran císticos y muy densos, pero saludables por lo demás. Cuando Herman dejó de darle pecho a su hija, fue en busca de la segunda mamografía, a los 41 años de edad, y, en lo sucesivo, cada año. Herman tenía poco más de cincuenta cuando las mamografías empezaron a revelar calcificaciones. Para esa época, las ecografías o sonogramas ya estaban disponibles para suplementar sus exámenes del pecho. A los 55 años de edad, su mamografía anual reveló un patrón diferente de calcificaciones en su seno izquierdo. Si bien el radiólogo y el cirujano le dijeron que ellos no pensaban que eso fuera preocupante, se recomendó una biopsia y fue efectuada en tres puntos. Esta reveló un cáncer en sus primeras etapas, conocido como carcinoma ductal in situ, o CDIS. Ante la remoción del seno izquierdo y biopsias del derecho, Herman dijo en una entrevista: “Decidí que sería más proactiva. Luego de consultarlo con mi marido, quien dijo que estaba más preocupado por mi salud que por mis pechos, me sometí a una mastectomía bilateral y reconstrucción”. “Nunca lamenté mi decisión”, dijo. “Para mí, era una agonía tener que pasar por esto cada año y preguntarme si derrotaría a La Parca”. Una de sus amigas con los mismos resultados optó por esperar a ver qué ocurría, comentó Herman. Ella terminó con un cáncer invasivo que se había extendido más allá del pecho para cuando se sometió al examen siguiente. ¿QUÉ ES LO NORMAL Y LO ANORMAL? Muchas mujeres presentan síntomas de enfermedades del pecho, pero muy pocas tienen cáncer, como destacaba un artículo publicado en la Revista de Medicina Clínica de Cleveland, en 2002. “Sin embargo, estos síntomas, comprensiblemente, son fuente de gran inquietud para la mujer”, decía el artículo, titulado "Enfermedad benigna del pecho: Cuándo atender, cuándo tranquilizar y cuándo referir". "El desafío para los facultativos radica en distinguir entre lesiones benignas y malignas, así como saber cuándo urgir a una referencia al cirujano o si hace falta otro especialista". El artículo explicaba que durante sus años reproductivos, justo antes de la menstruación, muchas mujeres experimentan inflamación e hipersensibilidad al contacto en el pecho, y algunas desarrollan prominencias y dolor, todo lo cual desaparece tras su periodo. Esto es normal y no es causa de alarma. Pero, si se presentan bolas o se produce un engrosamiento en uno solo de los pechos y persiste entre cada periodo menstrual, se necesitan más exámenes a través de una mamografía (o, si la mujer es menor de 35 años, una ecografía) y que la paciente sea referida con un especialista del pecho para someterse a una posible biopsia. A las mujeres les dicen que el dolor del pecho no es síntoma de cáncer. Pero, si se presenta dolor solamente en un seno y en un área específica ─ así como en una mujer premenopáusica─ y no baja tras la conclusión del periodo, se requiere de una mamografía, una ecografía y una visita al especialista. Hace una década, este curso de acción salvó mi seno izquierdo y quizá mi vida. Los resultados de mi mamografía dieron negativo, pero no así un sonograma del área que estaba lesionada, y aunque yo no podía sentir una sola prominencia o bola, una biopsia reveló un cáncer en sus primeras etapas, tratable con lumpectomía y radiación. Los bultos del pecho son comunes, y en su mayoría son benignos. Sin embargo, los que son firmes y presentan bordes irregulares, amén que están adheridos con firmeza a la piel o tejido blando, tienen mayores probabilidades de ser malignos. Incluso si una mamografía da negativo en esos casos, se necesita una biopsia, ya que aproximadamente 15% de los cánceres son pasados por alto en las mamografías. Tanto Herman como yo misma nos beneficiamos a partir del hecho que vimos a los mismos radiólogos año tras año, médicos que conocían el historial de nuestro pecho y tenían a su disposición registros de exámenes previos para compararlos. Si usted acude a un nuevo facultativo para ir al mamógrafo, lleve consigo sus gráficos anteriores. ENTENDIENDO LAS CALCIFICACIONES
Los depósitos de calcio en el pecho son comunes, particularmente después de la menopausia, y pueden resultar a partir de diversas causas que no son cancerosas: calcio en el fluido de un quiste benigno; el resultado de una inflamación o lesión al pecho; radiación previa al pecho; depósitos de calcio en un dilatado ducto lácteo o en una arteria; dermatitis; o algún residuo de polvos, ungüentos o desodorante (razón por la cual le dicen que no use desodorante el día que se somete a su mamografía). Sin embargo, no aparecen debido al calcio en la dieta o al calcio perdido de los huesos. Además, hay pigmentos de tatuajes que pueden generar una imagen engañosa de calcificaciones en el pecho. Las calcificaciones en el pecho aparecen en dos formas: grandes o irregulares, calcificaciones aparecen como manchas blancas de tipo individual en la mamografía. Son las más comunes y casi siempre resultan benignas. Las más pequeñas, conocidas como microcalcificaciones, parecen diminutas motas blancas. Si están diseminadas, vale la pena observarlas pero también suelen ser benignas. Cuando las microcalcificaciones son numerosas y forman racimos, se necesitan más pruebas. El radiólogo pudiera solicitar una ampliación de la mamografía, incluso si no hay un bulto aparente, así como una biopsia con jeringa o biopsia estereotáctica del núcleo del área sospechosa. Si en vez de una mamografía le ordenan que regrese en seis meses o un año para otra mamografía, sería prudente que usted buscara una segunda opinión.
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