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Panamá, domingo 28 de diciembre de 2008
 

[ARMAMENTISMO]

La real amenaza rusa

Rusia busca convertirse en un importante proveedor de equipos militares, con Venezuela como su cliente estrella, y Perú y Cuba como los marginales, lo que potenciará la carrera armamentista.

1139897Eduardo Ulibarri

¿Hay algo malo en que, por casi un mes, una escuadra de la flota militar rusa se paseara por el Caribe y, durante una semana, su presidente, Dimitri Medvedev, visitara Perú, Brasil, Venezuela y Cuba?

En principio, muy poco. El tour pretendía mejorar las modestas relaciones comerciales con algunos países del hemisferio, elevar el nivel de sus débiles nexos diplomáticos con ellos, y desafiar simbólicamente a Estados Unidos en la zona que, históricamente, ha sido considerada su “traspatio”.

Nada de lo anterior, en sí mismo, debería preocupar, por dos razones fundamentales:

1. El poderío ruso es mucho más débil de lo que parece. Su espectacular crecimiento económico de los últimos años se ha fundamentado en la venta de hidrocarburos, no en el desarrollo de una economía sólida, diversificada e innovadora. Por esto, la caída en los precios internacionales del petróleo y el gas, junto a la crisis financiera internacional, ha tenido efectos devastadores sobre su verdadera capacidad de desarrollo y proyección externa.

2. De los dos ejes tradicionales que animaron la política exterior soviética –la expansión del comunismo y la defensa de sus intereses nacionales–, solo queda el segundo. Y esos intereses, en América Latina, son tenues.

A pesar de lo anterior, sí hay algo muy serio de lo cual preocuparse. Son sus intenciones de convertirse en un importante proveedor de equipos militares, con Venezuela como su cliente estrella, y Perú y Cuba como los marginales. Esto, inevitablemente, potenciará la carrera armamentista que, de forma creciente, se está desarrollando en el hemisferio.

En su visita a Perú, Medvedev participó en la “cumbre” del Foro de Cooperación Asia–Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés), pero aprovechó para suscribir convenios de largo plazo, destinados a mejorar el desempeño y mantenimiento de los añejos aviones Mig de la Fuerza Aérea peruana.

En Cuba, los mensajes militares fueron muy comedidos: el desafío a los estadounidenses tiene límites prácticos. Sin embargo, las intenciones de reanudar unas “privilegiadas” relaciones, que incluyan a las Fuerzas Armadas, fueron claras.

El gran despliegue de fuerza, compromisos y dólares se dio en Venezuela. La flotilla rusa, que arribó el 25 de noviembre, estuvo encabezada por el imponente crucero de propulsión nuclear Pedro el Grande, Medvedev participó junto a su anfitrión, Hugo Chávez, en la apertura de unas maniobras navales conjuntas.

El propósito de esa operación, que Chávez ubicó como parte de su estrategia contra “el imperio” (Estados Unidos), fue definida de manera más diplomática por el vicealmirante a cargo de la flota, Ivanovic Koloriov: “Evaluar las habilidades y capacidades de las flotas de ambas naciones en acciones de defensa contra el terrorismo y el narcotráfico”. Luego, en otras declaraciones, añadió como objetivo “la presencia… en las regiones estratégicas del mundo y mostrar nuestra bandera”.

Tienen derecho a hacerlo. El gran problema con Venezuela fue el alcance de las maniobras, a las que se suman compromisos ya suscritos por alrededor de 4 mil 400 millones de dólares para adquirir sofisticado armamento, una suma que podrá elevarse si se estrechan aún más los nexos bilaterales.

Esta vinculación debe ser el mayor eje de la inquietud hemisférica, porque, claramente, el armamentismo de Chávez amenaza de forma directa, no a Estados Unidos, sino a Colombia y Brasil, y cualquier respuesta de ambos incidirá en su balance de fuerzas con Ecuador, Perú, Chile y Argentina. Es decir, una reacción en cadena hacia la adquisición de juguetes de guerra cuando el énfasis debería estar en instrumentos de desarrollo.

Si a lo anterior añadimos los enormes contratos de transferencia de tecnología militar recién firmados por el brasileño Lula da Silva y el francés Nicolás Sarkozy, para que, en palabras de este último, Brasil desarrolle “una industria de defensa acorde con sus responsabilidades mundiales”, el panorama se complica aún más. La carrera armamentista, además de inevitable, será costosa y amenazadora.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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