familias de los barrios donde operan las pandillas están alarmadas
El ‘deterioro social’ genera más bandas
Hay jóvenes que se suman a las pandillas por el ambiente de violencia en el que viven, y por la falta de educación y de oportunidades de crecimiento.
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| OPERATIVO. En la ciudad capital los policías fueron ‘redistribuidos’ para reforzar la vigilancia, especialmente en los barrios donde operan pandillas, como en Santa Ana (en la foto). LA PRENSA1139805 |
William Sala
Elizabeth Garrido A.
panorama@prensa.com
María Rosiri Bethancourt, madre de dos niños y residente de El Chorrillo, tiene razones para afirmar que además de las siete pandillas que actualmente operan en su corregimiento hay “muchas más” que “ni siquiera tienen nombre”.
“En este barrio lo que se vive es la violencia”, dice Bethancourt y asegura que en esas pequeñas bandas hay delincuentes que se dedican a robar, asesinar o “tumbar” [robar] droga. Las balaceras están a la orden del día, generalmente a causa de las rivalidades entre los Bagdad, Perredé, Vietnam, Patio Sucio, Irak 28, Los Chacales o los de La 15 Piso. “Por eso quiero conseguir un trabajo digno para sacar a mis hijos de 6 y 8 años de este barrio peligroso”, agrega.
El problema de la violencia en El Chorrillo y en los otros sitios –Curundú, Santa Ana, Calidonia, Viejo Veranillo, San Joaquín y San Miguelito– donde operan las 74 pandillas que hay en la capital se está convirtiendo en un “círculo vicioso” que, a juicio del sociólogo Bolívar Franco, se mantiene debido al “deterioro de la sociedad”.
“La sociedad en que vivimos es violenta y en ella se genera violencia”, explica Franco. A ello hay que sumar la falta de educación y de oportunidades que tienen los jóvenes que se incorporan a las pandillas.
Aunque las autoridades capturen a los líderes de las pandillas, los que quedan en las calles hacen nuevos grupos y surgen nuevos líderes, señala Franco. Por eso, dice, las “bandas” se mantienen.
Presencia evidente
Ebrahim Asvat, ex director de la Policía Nacional (PN), coincide con el hecho de que ahora hay un nuevo mapa del crimen en la capital. Y que esto se evidencia en que “todos los casos [asesinatos] que se han cometido en diciembre tienen que ver con bandas y sus rivalidades”. Son gente que tiene entre 14 y 30 años y que han crecido en ese ambiente, dice Asvat. Estas “bandas de los barrios”, por ahora, no tienen el grado de sofisticación de las pandillas –tipo maras que operan en Centroamérica, pero “tarde o temprano se van a ir transformando en organizaciones más complejas” si no se les pone un freno a tiempo, advierte Asvat.
Según el ex director de la PN existe un código de silencio en la población, que se suma a la “indiferencia” de las autoridades, que no ven el pandillerismo desde una óptica más amplia.
En este sentido, dice Asvat, debe existir una “unidad antipandillerismo” y se deben desarrollar programas interinstitucionales para combatir la pobreza y atender las necesidades sociales que hay en esos barrios.
José Polo, presidente de la Fundación Dame una Oportunidad, que se dedica a la resocialización de pandilleros, señala que hay que incorporar proyectos integrales y no solo “paliativos” como los que se han hecho hasta ahora.
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