¿Qué se hacen tus impuestos?
1139777 OSVALDO LAU
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OPINIÓN. Antes de empezar, separemos al Estado del Gobierno. El primero es el ente que permanece y al que pertenecemos todos, y el segundo es su brazo ejecutor, sujeto a cambiar cada cinco años, lleno de clientelismo político. El Estado es como una gran empresa dirigida por un CEO (el presidente) y una junta directiva (el Consejo de Gabinete); más atrás vienen los gerentes de los diferentes departamentos (ministros, directores de entidades autónomas y semi-autónomas, etc.). Toda esta organización incurre en planilla, alquileres, electricidad, comunicación y más etcéteras, que deben ser cubiertos con los ingresos que percibe el Estado, entre ellos los impuestos que pagan los contribuyentes. Pero una de las tantas razones (¿excusas?) que se arguyen para no enfrentar los impuestos que nos corresponde pagar es que no sabemos a dónde van a parar o en qué se utilizan.
En este negocio existen dos escenarios totalmente diferentes.
En esencia, en el primer escenario, tus impuestos contribuyen a pagar los gastos generales del Estado, el servicio de la deuda pública y el costo de las nuevas inversiones. Aunque esto parece simple, en verdad es complejo y hasta turbio según el color del cristal con que se mire, porque si bien es cierto que todo lo que haga el Gobierno será objeto de críticas por sus opositores, también es cierto que la cadena de trastadas hace méritos para ello.
Con el aporte de los accionistas (tus impuestos y los míos) se paga el costo de la educación gratuita que brinda el Estado, tal como ordena la Carta Magna. Lástima que se quedó en el olvido que esa educación debe ser de la mejor calidad y que los estudiantes deben dedicarse a estudiar para ser parte positiva del Estado; solo así evitaríamos que la mayoría de los egresados de secundaria salgan mal librados en los exámenes de admisión universitarios y queden a la deriva.
Con nuestros impuestos se paga también la seguridad que brindan los organismos del Estado, y que debe ser más eficiente y eficaz ante el aumento en los niveles de inseguridad. Y ese aumento no es simple percepción, como se ha dicho cuando se cuestiona el asunto; es una realidad que se sufre todos los días. Con esos mismos impuestos se paga también el servicio de salud por cuenta del Estado, aunque pudiese ser mejor con una estructura más eficiente eliminando la dualidad de funciones que existe entre el Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social.
La lista de gastos operativos de esta “empresa” es larga, pero veamos otra parte del negocio: el servicio de la deuda. A pesar de que los ingresos tributarios han aumentado a niveles sin precedentes en los últimos años, en el negocio del Estado también existen cuentas y préstamos por pagar (el pasivo) que tienen su costo financiero, que se tienen que afrontar pero que no ceden una pulgada quizás por la tradicional ausencia de programas y políticas de Estado bien definidas.
Además, están las nuevas inversiones estatales y el mantenimiento de las viejas, tales como vías de comunicación, escuelas, programas de asistencia social y demás, y que no generan ingresos directos. Y está, como siempre, el costo de los anuncios publicitarios porque se tiene que divulgar lo bueno que hace el CEO y su equipo de trabajo. De lo contrario solo se hablaría de lo que no se hace o se hace mal. ¿Verdad?
Dicho en otra forma, no importa cuánto aportes con tus impuestos ni cuán buen trabajo haga la Dirección General de Ingresos, el Gobierno siempre se las arreglará para gastar y dejar una deuda mayor y pocas satisfacciones a sus accionistas.
En la próxima entrega veremos el otro escenario.
El autor es presidente de Centro de Soluciones Ejecutivas, S. A.
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