Todo conflicto tiene siempre dos caras. En esta ocasión la situación se ha tornado crítica entre Israel y el grupo Hamas dominante en la Franja de Gaza, y cada uno alega su razón atribuyéndole la culpa al otro. Al final, si cada parte no cede, las consecuencias serán devastadoras, pues las posiciones extremistas no ayudan a zanjar diferencias ni facilitan negociaciones.
En el medio hay un pueblo que hoy está marginado de todo bienestar mínimo, carente de alimentos, medicinas, agua, combustible, electricidad, ropa; en fin, cada detalle falta para los palestinos en Gaza. Los muertos caen por docenas y el pronóstico amenaza con empeorar si no se logra un consenso prontamente.
Ahora ya no es relevante a quién le asiste la razón: está claro que esta guerra es consecuencia de la intolerancia, pero las hostilidades recíprocas tampoco son la solución; al contrario. Entonces, llamamos a la sensatez para que no se sigan perdiendo vidas en un enfrentamiento innecesario por cruel y desigual. |