¿Jubilación?, 100 años no son nada
Más allá de la técnica, los grandes artistas indagan en su espiritualidad y para ello hace falta, además de talento, los años.
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| Cineasta Manoel de Oliveira. 1137533 |
EFE.
REDACCIÓN INTERNACIONAL
En un sistema que hipervalora la juventud, ellos son centenarios y todavía dan mucha guerra: el mago de la curva en arquitectura, el brasileño Oscar Niemeyer (1907), o el del ritmo lento en el celuloide, el luso Manoel de Oliveira (1908), que son objeto de aplauso por su lucidez, motivación y voluntad .
“Las etapas posteriores del ciclo de la vida se caracterizan sobre todo por la sabiduría”, indica el psiquiatra español Luis Rojas Marcos en su libro Corazón y mente -escrito con el cardiólogo Valentín Fuster-, para quien “en contraste con las grandes civilizaciones (...), las sociedades actuales que sancionan la edad equiparan erróneamente el paso del tiempo con el deterioro de estas valiosas cualidades humanas”.
Y esta es la clave. Para este profesor de Psiquiatría de la Universidad de Nueva York, el aspecto más nefasto de este tipo de normas (la jubilación forzosa) que discriminan a las personas por su edad es que, en el fondo, no se diferencian mucho de estatutos injustos que segregan a individuos por su raza, su sexo o sus creencias.
Aunque para unos el desafío es mantenerse vivo en vida, la pincelada de grandes artistas como el británico Lucian Freud (1922), aún activo, o Balthus (1908- 2001) con la edad va más allá de la técnica para contar todo aquello que ven desde su interior, como los maestros japoneses -“senseis”- que indagan en su camino espiritual a través del manejo del pincel, y para ello hace falta, además de talento, el transcurso de los años.
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