[PROPÓSITO]
Promover la igualdad sin mirar el color
Lluís Uría
Nicolas Sarkozy quiere aprovechar el efecto Obama para dar un impulso decisivo a la igualdad de oportunidades y la promoción de la diversidad en Francia. Pero sin llegar a franquear el umbral delimitado por la Constitución: nada, pues, de forzar el principio de igualdad introduciendo criterios étnicos como en EU. El presidente francés, que hace tres años defendió públicamente –no sin polémica– la adopción de medidas de discriminación positiva a la americana, se ha visto obligado a moderar sus planteamientos, sobre todo después de que un informe elaborado a su demanda por la ex ministra Simone Veil haya desaconsejado esta vía.
“La cuestión de una acción pública voluntarista fundamentada sobre criterios étnicos o religiosos debe ser cerrada”, afirmó Sarkozy en un discurso sobre la igualdad de oportunidades pronunciado en la elitista Escuela Politécnica, feudo de la Francia blanca y acomodada. “El problema debe abordarse desde criterios sociales, porque las desigualdades sociales engloban todas las demás –dijo–. Reduciendo las fracturas sociales, se reducirán a la vez todas las fracturas étnicas, religiosas y culturales”.
El informe del comité Veil no dice otra cosa: a su juicio, es más útil y eficaz –además de netamente constitucional– combatir las desigualdades a escala social y territorial que sobre bases étnicas, una vía que podría tener efectos perversos y, en el límite, atizar tensiones entre comunidades. El presidente francés aprovechó el acto para anunciar el nombramiento del empresario francoargelino Yazid Sabeg –doctor en ciencias económicas, presidente del grupo informático Communication et Systmes y autor en 2004 de un libro titulado curiosamente Discriminación positiva –como nuevo comisario para la Diversidad y la Igualdad de Oportunidades.
Su primera misión será abrir una consulta social y elaborar, de aquí a marzo, un plan global al respecto. A la espera de ese plan, Sarkozy avanzó algunas de las medidas que podría contener: desde la fijación de una cuota de alumnos becados –de hasta el 30%– en los cursos preparatorios de las grandes escuelas donde se forman las élites de la República hasta la generalización de los currículos profesionales anónimos –sin que el apellido delate el origen del demandante de empleo–, pasando por un eventual condicionamiento de los contratos públicos al cumplimiento de un determinado grado de diversidad por las empresas adjudicatarias o la vinculación de una parte de las subvenciones públicas de los partidos políticos al mismo criterio.
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