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Panamá, martes 23 de diciembre de 2008
 

[INVESTIGACIÓN]

La tortura empieza arriba

Un informe bipartidista del Senado estadounidense dejó en claro que el maltrato de prisioneros en Irak, Afganistán y la bahía de Guantánamo tuvo sus orígenes en la Casa Blanca misma.

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Cuando el mundo se enteró por vez primera del abusivo trato que el Ejército estadounidense les daba a prisioneros iraquíes en Abu Ghraib, funcionarios de la administración Bush descartaron los incidentes como la obra de manzanas podridas entre los custodios en dicho centro para detenidos. Solamente personal de bajo rango enfrentó cargos por el abuso.

Sin embargo, la semana pasada, un informe bipartidista del Senado estadounidense dejó en claro que el maltrato de prisioneros en Irak, Afganistán y la bahía de Guantánamo tuvo sus orígenes en la Casa Blanca misma.

Este informe, por parte del Comité sobre Servicios Armados en el Senado, concluyó que oficiales de alto rango en el Gobierno de Estados Unidos solicitaron información sobre el uso de técnicas agresivas, redefinieron la ley para crear la impresión de su legalidad, amén de que autorizaron su uso en contra de detenidos.

Investigadores del comité mencionado, que trabajaron a lo largo de casi dos años en el informe, ubicaron el origen del trato abusivo en un memorando firmado por el presidente Bush el 7 de febrero de 2002. En él, Bush declaraba que las normas de la Convención de Ginebra para el trato humano de prisioneros no se aplicaban al talibán ni a cautivos pertenecientes a la red Al Qaeda.

Entre las prácticas de interrogatorio empleadas por las fuerzas armadas y estudiadas por el comité estaban la desnudez forzosa, dolorosas posiciones de tensión, privación del sueño, temperaturas extremas, aunado al uso de perros amenazantes.

Las tropas estadounidenses recurrieron al uso de estas técnicas por primera vez en contra de detenidos de la guerra afgana en Guantánamo, pero no pasó mucho tiempo, con base en el informe, antes de que interrogadores estadounidenses las estuvieran usando de igual forma en Irak y Afganistán. Este informe menciona escasamente a la central de inteligencia estadounidense, la CIA, que ha reconocido que usó la técnica del ahogamiento simulado en contra de tres presuntos responsables de terrorismo.

Si bien la administración Bush ha dicho que autorizó agresivos métodos para interrogatorios solamente después que oficiales de campo se quejaron de que los enfoques convencionales no estaban funcionando, el comité encontró que el ímpetu por prácticas más severas vino de oficiales en Washington.

Apenas en diciembre de 2001, en las primeras semanas de la guerra en Afganistán, oficiales del Departamento de la Defensa investigaron en un programa militar de varias décadas de antigüedad en busca de información sobre estas técnicas. El programa había sido diseñado para preparar al personal estadounidense en el uso de métodos de interrogación en caso de que fueran capturados por enemigos de la Guerra Fría.

Este comité, encabezado por el demócrata Carl Levin de Michigan y el republicano de Arizona John McCain, considera que las prácticas en los interrogatorios “dañaron nuestra capacidad de obtener datos de inteligencia precisos que podrían haber salvado vidas, fortalecido la mano de nuestros enemigos y haber comprometido nuestra autoridad moral”.

Las fuerzas armadas, que cooperaron con el comité del Senado estadounidense en lo tocante al informe, actualmente limitan los métodos de interrogatorio a procedimientos incluidos en el manual de campo del Ejército. La nueva administración en Estados Unidos debería requerirle a la CIA que haga lo mismo.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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