AMENAZAS
Panamá frente a la hambruna
Héctor Rodríguez
opinion@prensa.com
El boletín emitido la semana pasada por la FAO, señala que la cifra total de desnutridos en el mundo, en vez de decrecer, se eleva de 923 millones en 2007 a 963 millones ahora; un 65% de ellos se concentra en siete países: China, la R.D. del Congo, India, Bangladesh, Indonesia, Pakistán y Etiopía. Mientras que en el continente americano la peor seguridad alimenticia está en: Ecuador, Perú, Bolivia y Centroamérica incluyendo a Panamá, debatiéndose entre el 25% y el 35%.
Es tan grave la amenaza que el papa Benedicto XVI invocó en el mensaje tradicional por la Jornada de la Paz, un llamado a las conciencias de quienes pueden producir y mercadear los alimentos.
El propio Diouf, director de la FAO, ya había encendido las alarmas hace exactamente un año, al declarar que es imposible siquiera frenar el aumento de la hambruna mundial, sin la aplicación de tecnologías de punta y atenidos a estrategias productivas como la agricultura orgánica. Lo que insinúa además, una clara reflexión a los sectores que aún se resisten a la producción mediante semillas transgénicas.
Es que en la producción agraria, no todas las aplicaciones orgánicas son sanas, es más, se están produciendo con ella alimentos tóxicos; más grave aún en los productos que se comercializan ya en los primeros estadios de su desarrollo biológico; es decir, apenas en las hojas, como ocurre con los repollos y las lechugas regados con aguas servidas y de cloacas con el pretexto de que estas son rico abono, y que llegan a la mesa sin hervirse.
Tales aguas, y las residuales tratadas, pueden contener agentes microbiológicos como: Salmonella spp., Escherichia coli, Klebsiella spp., Enterobacter spp., Enterococcus spp. y Pseudomonas spp, y cepas de Helicobacter pylori, todos asociados a patologías humanas y veterinarias, configurándose un círculo vicioso, dado que las correspondientes cargas de heces fecales vuelven a los sistemas acuáticos. Así lo demuestran estudios adelantados en Colombia y México, como también han concluido que el cloro residual no logra una plena desinfección. Y algo para tener muy en cuenta, es que en épocas de lluvias, aumenta la confusión de aguas y por ende la contaminación.
Siendo el agua insumo vital para la producción de alimentos y, ante la alarmante escasez de estos, se exhorta a mejorar los sistemas de tratamiento de aguas residuales, y al mismo tiempo, a realizar los más inteligentes esfuerzos en pro de una obtención agrícola más competitiva, como correspondiera a nuestro entorno tropical con suelos corregibles y ricas fuentes de agua.
Por otra parte, sigue sin demostrarse que algún alimento proveniente de semillas transgénicas, cause adversidad en la salud humana. Pero, todo esto es apenas una arista de la problemática del desarrollo rural panameño, siempre manoseado y huérfano de proyectos fundamentales. Entre tanto, agradecemos a los medios como La Prensa, por permitirnos hacer públicas estas alarmas, que a las autoridades gubernamentales ni inquietan, pues no son las encendidas por las encuestas sobre la intención de los electores citadinos para el próximo mes de mayo.
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