Mientras el Gobierno derrocha 190 millones de dólares para que el Presidente nos herede su “obra insignia” –la cinta costera–, los panameños tenemos que sufrir la tortura de transitar por una red vial que, de tantos huecos y cráteres, semeja la superficie lunar. Y ahora, además, pretenden madrugarnos con un nuevo impuesto de circulación, cortesía del Alcalde capitalino.
El ministro de Obras Públicas, convencido de que todo el mundo le cree sus incontables excusas y sus cuentos de batallonero, pretende que le tengamos paciencia y que le perdonemos su abusiva impericia. Nada de que lo dice o promete sirve para arreglar carreteras en mal estado, tapar hoyos o reparar los carros que caen en ellos. Su presencia en el Gabinete no solo es un insulto a la memoria de nuestro pasado reciente, sino una burla a los usuarios de las vías de este país.
La solución más creativa, sugerida por un vocero del Tránsito, es memorizar dónde están los huecos para evitar caer en ellos y hacer un plan antes de salir de casa con el mismo fin. Claro que también podría funcionar, nombrar a gente competente en esos cargos. |