AHORRO
Ojo con la luz, no despilfarre
Judy Meana
opinion@prensa.com
Sí, mucho ojo. Porque ahora que sabemos que va a bajar la tarifa, también es un buen momento para recordar que en casa y en la oficina debemos “utilizar solo la energía necesaria”, de esta manera percibiremos el ahorro en nuestra factura.
Es como que nos dijeran que bajó el precio del molde de pan y empezamos a comernos diariamente tres moldes, en vez de uno. El que consume más, es porque quiere y puede pagar por esos moldes de pan extra. El que mantiene el mismo hábito de consumo, sí percibe el beneficio. Igual sucede con la electricidad.
Cuando hablamos del consumo de energía, nos suena a algo como abstracto, pero guarda relación con el ejemplo del molde de pan. El consumidor, en ambos casos, puede decidir entre consumir más, lo mismo o menos. Eso dependerá de sus hábitos de consumo, sus necesidades y de su presupuesto familiar. El problema viene cuando no le damos valor a ese bien o servicio que estamos adquiriendo y consumimos sin control o lo desperdiciamos.
Hay quienes entienden la rebaja en la tarifa como una oportunidad para consumir más energía de la necesaria, porque como dice la frase: “lo que no nos cuesta hagámoslo fiesta”. Por eso, una empresa de distribución eléctrica recuerda a sus clientes que apaguen las luces, el televisor, la computadora o cualquier otro equipo electrónico, cuando no los estén utilizando. También, que ajusten la temperatura de su nevera a la mitad y la temperatura del aire acondicionado entre 23 y 25 grados centígrados, entre otros consejos útiles para el uso eficiente de la energía.
Además, el uso eficiente de la energía es una práctica que refleja el interés de las personas y de las empresas en realizar una gestión ambiental amigable, ya que al ahorrar energía se reduce la emisión de los gases de efecto invernadero. Vale la pena aplicar los buenos hábitos de consumo de energía en casa y en el trabajo, por el bienestar de las futuras generaciones.
Volviendo a la comparación entre el consumo del pan molde y el consumo de energía, finalizo diciendo que, cada consumidor tiene su hábito de consumo y está en él decidir qué uso le va a dar a ese bien o servicio por el que está dispuesto a pagar. Comparto lo que me decía mi padre cuando era pequeña: “Botar la comida es pecado”. ¿Y desperdiciar la luz? – yo diría que también.
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