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Panamá, viernes 19 de diciembre de 2008
 

CONDUCTA HUMANA

Sociedades civilizadas y morales¿sin creyentes?

I. Roberto Eisenmann, Jr.
opinion@prensa.com

Phil Zuckerman es un profesor judío de sociología –a la vez que agnóstico– que acaba de publicar un libro titulado Sociedad Sin Dios (Society without God). Aun para un creyente católico como yo parece interesante su investigación, que comparto con los lectores, debido a que estamos viviendo una era de religiosidad vigorosa, vibrante y hasta de peligroso fundamentalismo violento.

Las pasiones religiosas llevan a muchos a decir y repetir que una sociedad sin Dios es una sociedad inmoral, maligna, perversa, depravada… una especie de infierno aquí en la Tierra… cosa que es fácilmente creíble debido a que todas las religiones exponen parámetros de conducta humana con los que todos podríamos estar de acuerdo.

El autor se fue a vivir por año y medio a Dinamarca y Suecia, dos países de los menos religiosos en el mundo, a comprobar con certeza cómo se comporta una sociedad sin Dios. Contrario a la opinión generalizada, encontró democracias con muy buena salud, el menor nivel de violencia y crímenes del mundo entero, el menor nivel de corrupción, un sistema educacional excelente, un sistema de salud inmejorable y gratuito con hospitales limpios, políticas sociales ejemplares, ciudades ordenadas, planificadas y bonitas, economías robustas y una calidad de vida envidiable.

La gente observa y se rige por sistemas de moralidad y ética, y cumple con la Ley. Dice el autor que cuando se mudó a su ciudad en Dinamarca (población de 250 mil) pasaron 31 días antes de que viera un policía.

En un estudio de “nivel de felicidad” de la población de 91 países, Dinamarca salió de No. 1. En el Informe de Desarrollo Humano del PNUD Suecia ocupaba el quinto lugar entre 175 países.

Los impuestos son altos, todos los pagan y hay hasta un impuesto que se usa para ayudar a la iglesia de cada ciudadano, siempre que éste lo permita voluntariamente.

El autor entrevistó a cientos de ciudadanos acerca de su religiosidad e incluye las transcripciones en el libro.

En su gran mayoría confirmaron que no creían en Dios, aun cuando se casaban en la Iglesia, se bautizaban, se confirmaban y celebraban misas de defunción porque “era la tradición cultural”. “Simplemente, es lo que uno hace”, decían en su mayoría los que confesaban no ser creyentes, y que pensaban que esto era lo más común para la mayoría de la gente de su país.

Otros países también se confiesan poco creyentes, como la República Checa, Corea del Sur, Estonia, Francia, Japón, Bulgaria, Inglaterra, Escocia, Hungría y Bélgica. Como contrapunto, países que pasaron por dictaduras ateas donde la religión fue prohibida por décadas, nunca perdieron su religiosidad, algo que se manifestó claramente al ser liberados.

Ciertamente Dinamarca y Suecia tienen poblaciones pequeñas, muy homogéneas, con temperamentos e idiosincrasias sui géneris tales como su pasión por la igualdad, producida en gran medida por la dominación política del partido legítimamente social demócrata.

El aborto antes del primer trimestre de embarazo se legalizó en 1973; es más, es ilegal para un médico negarse a provocarlo si la mujer se lo pide. El matrimonio homosexual se legalizó en la década de 1980. La pena de muerte se abolió hace mucho tiempo y la drogadicción se trata como un dilema médico.

Es importante entonces preguntarnos honestamente:

A) Si una sociedad puede ser civilizada y moral sin creer en un Dios… o si es que los parámetros morales y éticos son naturales en el ser humano, con o sin religión.

B) Si nuestra sociedad, que decimos con regularidad que es 90% cristiana, es realmente creyente o si simplemente practica una “religión cultural”.

C) Si la religión es un ingrediente imprescindible para lograr una sociedad en paz, próspera… una buena sociedad de gente buena.

D) Si es que a mayor pobreza personal, mayor religiosidad y viceversa.

E) Si es que a menor educación, mayor religiosidad y viceversa.

F) ¿Será que a mayor inmigración mayor religiosidad por solidaridad étnica?

Yo no tengo las respuestas a estas preguntas y es indudable que el mundo está lleno de creyentes como yo, pero también pienso que estamos llenos de gente que tiene una religión cultural sin ser creyente. No nos engañemos. Entre otras cosas, mi Iglesia tiene muchos cambios pendientes para lograr una conversión verdadera de los “culturales” a seres legítimamente creyentes.

Si no ocurren los cambios, no pasa nada. Siempre podemos mirar con optimismo lo que ocurre en Dinamarca y Suecia.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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