Obsesión por la novedad
El usuario sucumbe al prestigio social y a la satisfacción personal que produce poseer los últimos ‘gadgets’.
EFE.
Mateo Sancho Cardiel/
Redacción Internacional
Los “neófilos” viven en el futuro, admirando las cosas nuevas y pensando que sus vidas mejorarán.
Philip Kotler, elegido Líder en Pensamiento de Mercadotecnia por la American Marketing Association en 1975, y considerado una eminencia en la materia, señala que “hay gente que está satisfecha con su móvil, pero sigue pendiente de nuevos lanzamientos, se pregunta si está perdiéndose una mejor calidad en la cámara, una conexión más rápida o un nuevo juego desde su teléfono”.
Las empresas lo saben, y por ello dosifican su “capacidad de superación” electrónica pensando en este público cuya obsesión es seguir -y adquirir- cada avance.
A través de la tecnología se ha configurado un nuevo modelo de galán, el “tecnosexual”, que trata a su iPod y a su Blackberry como atributos viriles que se asocian con el poder y el estatus social.
“Un móvil dice algo sobre ti. La persona que usa un Blackberry está pendiente del e-mail y el negocio”, explica Kotler. En cambio, “quien usa un iPhone es creativo y amante de la música y la fotografía”, una suerte de “tecno-bohemio”.
También están quienes sustituyen aparatos no obsoletos. Si esto se agudiza, puede llegar a ser tan adictivo -y ruinoso- como una droga, pues, psicológicamente, el consumo produce endorfinas tan satisfactorias como las de una sustancia estimulante.
Países de culturas milenarias han sido sensibles a este fenómeno. Hace dos años, psicólogos de la Universidad de Yamagata (Japón) relacionaron el fenómeno con una enzima en las mitocondrias. Según el estudio, que publicó la revista Psychiatric Genetics, ésta estaría presente, principalmente, en gente brillante, de alto nivel educativo y, sobre todo, adolescentes.
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