DECISIONES]
El gran dilema de Obama
Obama sabe que en tiempos de crisis, cuando millones de personas están afectadas, no son prioritarios temas como las energías alternativas y la reducción del efecto invernadero. Peer Meiner
El nombramiento del nuevo secretario de Energía por el futuro presidente de EU, Barack Obama, no ha provocado grandes titulares. Algo insólito, pues al fin y al cabo no ocurre todos los días que un Premio Nobel de Física obtenga el rango de miembro del gabinete. Además, el nuevo futuro ministro Steve Chu, de 60 años, es un conocido impulsor de las energías alternativas, conocido también por sus encarnecidas advertencias sobre el cambio climático.
Tras años de parálisis por el gobierno del aún presidente, George W. Bush, ¿llegan finalmente buenas perspectivas para un cambio de política medioambiental y energética en Washington? ¿O la arrolladora crisis económica, con el desempleo masivo y su ola de bancarrotas en el país, podría llevarse consigo todos los buenos propósitos?
Naturalmente el visionario político Obama es consciente del dilema: en tiempos de necesidad económica, cuando millones de personas están con el agua al cuello, no son prioritarios temas como las energías alternativas y la reducción del efecto invernadero. Obama no se cansará de proclamar que “no hay contradicción entre crecimiento económico y prácticas medioambientales seguras”. Al contrario, cree que las técnicas verdes podrían crear millones de nuevos puestos de trabajo.
Suena valiente y enérgico, pero también problemático, en vista de las realidades políticas en EU. Algo es seguro: con la decisión a favor del Nobel, Obama ha sentado la primera base. El hijo de un inmigrante chino obtuvo en 1997 el Nobel por sus trabajos de enfriamiento de átomos, pero desde hace años se concentra en cuestiones energéticas y dirige el laboratorio nacional de Lawrence Berkeley, cuyo fuerte es la investigación de energías alternativas.
Recientemente, señaló el cambio climático como “el mayor desafío para la ciencia”. En su laboratorio, por donde desde entonces pasan nada más y nada menos que 11 premios Nobel, se trabaja, entre otras, con la energía solar y la biomasa.
El físico Steven Chu apuesta por la ciencia y las nuevas tecnologías en la lucha contra el cambio climático, pero también conoce sus límites: desde hace tiempo exige a los políticos en Washington acciones más decididas contra la contaminación. Quienes dañan el medio ambiente deben pagar. “No solo hay que solucionarlo con la tecnología, hay que implicar a todos”, opinaba recientemente. ¿Significará eso que el nuevo ministro pedirá también al estadounidense de a pie el consumo responsable y cuidadoso de energía?
Obama ya había dicho rebosando confianza que haría de la política medioambiental una de sus prioridades. “Mi presidencia significará un nuevo capítulo con vistas al rol precursor estadounidense”, dijo tras su elección, con vistas a un sistema de comercio de emisiones que reduzca las emisiones de gases dañinos que provocan el efecto invernadero hasta 2020 al nivel de 1990. Además, cada año deben invertirse 15 mil millones de dólares para crear “un futuro con energías limpias”. Los objetivos no pueden ser más ambiciosos.
Sin embargo, Obama aún no está en el poder. Y en vista de la crisis económicas se considera previsible que surjan poderosos obstáculos y resistencias. “Duras tareas para el nuevo equipo de Energía y Medioambiente”, titula ayer The New York Times.
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