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Panamá, miércoles 17 de diciembre de 2008
 

TÁCTICAS EN SALUD

Los ‘bonos indecentes’ al descubierto

Emmanuel García Moreno
opinion@prensa.com

La clase médica al servicio del Estado en las instituciones de salud, se enfrenta actualmente a una ignominiosa táctica de intención de compra y venta de la dignidad profesional, por parte de las más altas autoridades de salud.

El director de la CSS, como profesional de la administración, desconoce la ética médica. Es comprensible el uso de cualquier estrategia a su disposición para doblegar a los gremios médicos, a quienes ve como un escollo en el camino para lograr sus objetivos de abrir trochas para la privatización de los servicios de salud en la institución bajo su responsabilidad.

Por parte de la ministra de Salud, es repudiable que siendo ella médica y conociendo a profundidad el daño que le producirán a la clase médica institucional los “bonos de la indecencia”, se prestara para destruir a sus pares y facilitar la subyugación y esclavitud de los médicos que laboran en las instituciones estatales.

El brillo del premio por debilitar la fortaleza de los gremios de la salud ha sido enceguecedor, y la decencia ha enmudecido en su interior.

La Comisión Médica Negociadora Nacional (Comenenal) y las autoridades de salud firmaron un acuerdo de huelga, para ponerle fin al último paro médico del año pasado. Se comprometieron, entre otras cosas, a establecer de común acuerdo, una matriz de evaluación que permitiera a los médicos que laboran en ambas instituciones, recibir un bono de desempeño al final de cada año por valor de 900 dólares. Pasaron 11 meses y no hubo acuerdo entre ellos, lo cual hace imposible al Gobierno hacer cualquier desembolso en ese sentido, y a los galenos recibirlos.

Pero como en los gobiernos PRD todo se compra o se vende, las autoridades decidieron comprar la decencia y la dignidad de los médicos de las instituciones del Estado, poniéndole precio a estos dos valores del ser humano: un bono de 900 dólares.

Consideraron que pueden comprar a los médicos en baratillo. Han diseñado y aplicado una matriz de evaluación no consensuada con la Comenenal, violando los acuerdos de huelga, lo que la hace ilegal.

La matriz de evaluación diseñada por las autoridades es tan burda, que es fácil de lograr el puntaje mínimo para hacerse acreedor al bono, lo que raya en la indecencia. Esa matriz convierte a los bonos por desempeño, que son merecidos, en los bonos de la indecencia. Permite a todos los médicos lograr los 80 puntos mínimos para obtener su bono, porque además se permite la autoevaluación.

Solo tiene dos categorías de evaluación: 1- Excelente: de 90 a 100 puntos y 2- Buena: de 80 a 89 puntos.

Todo indica que las autoridades se pusieron de acuerdo entre ellas para distribuir los bonos graciosamente a cada médico, sin importar verdaderamente el desempeño de cada uno, como si fuera un regalo de Navidad; lo cual permitirá un asalto descarado a los fondos públicos.

Los médicos solo tienen que plasmar su firma en el documento para recibir el bono. Esto es rechazado por la Comenenal, por considerarlo como un abierto acto de corrupción, un asalto a la dignidad del médico y un despreciable intento de comprar la decencia de estos profesionales.

Esta matriz de evaluación es un bochorno y a la vez una trampa descarada para destruir a los gremios médicos que se oponen a la privatización de los servicios de salud.

Es una vil compra de conciencias, que de paso destruye la salud del pueblo panameño, porque son los gremios médicos los que se oponen a la mercantilización de la salud. Por eso muchos médicos han rechazado estos bonos de la indecencia.

Los médicos del Instituto Oncológico Nacional han dado una lección de dignidad a las autoridades del Gobierno rechazando de plano dichos bonos, amparados en esa espuria matriz.

Todavía retumba a lo interno de la clase médica del país, este ejemplo de dignidad y decencia. Se han convertido en un sol de decencia que irradia en el territorio nacional, trayendo esperanza en medio de una sociedad asediada por la indecencia y la corrupción.

Como ellos, muchos médicos y odontólogos en el país rechazamos dichos bonos, porque la dignidad y decencia no tienen precio. Me confesaba un colega que encontré en un restaurante: “Yo sí voy a cobrar mi bono, porque a caballo regalado no se le ven los dientes”. Le respondí: “no seas troyano, el problema no son los dientes sino el caballo mismo”.

¡Basta ya de corrupción descarada y desprecio por la institucionalidad!

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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