DESARREGLO URBANO
Caos en Calle 50 y San Francisco
Franklin Delgado
opinion@prensa.com
En verdad, no creo que nadie en su sano juicio podría estar en contra del desarrollo urbanístico de la ciudad de Panamá. Por otro lado, el cuidado, mantenimiento y el mejoramiento de la infraestructura pública, no es menos importante. Así tenemos, por ejemplo, que el barrio de San Francisco en nuestra ciudad de Panamá era una de las contadas zonas de la urbe capitalina que lucía calles medianamente trazadas y con un mantenimiento aceptable. Pero, desde el inicio de la industria de la construcción, las calles están cada vez más intransitables, igualando las precarias condiciones del resto de las vías de tránsito de nuestro país.
Indagando más sobre la materia, observamos un cuerpo de normas jurídicas, que sobreponen las regulaciones, las obligaciones y los deberes a los constructores, cuando no debe dejar de lado, la obligación primaria del Estado, para el mantenimiento y reparación de las citadas vías.
Y aquí es donde empieza la papa caliente, toda vez que los inversionistas sostienen que, en primer lugar, las calles no fueron destruidas por su proyecto y que los baches estaban allí cuando ellos llegaron; o alegan en otras ocasiones que la calle original, reparada por el gobierno, no contaba con las normas básicas que le permitieran resistir el tráfico del área, por lo que, según ellos, en vez de reparar las vías, deberán construirlas de nuevo, gasto que lógicamente no han presupuestado.
En fin, de lado y lado, llueven las excusas, algunas sensatas otras no tanto, pero al final las calles de San Francisco permanecen destruidas.
Nos alienta reconocer, que la comunidad de San Francisco, en medio del casi descontrolado ímpetu de la construcción, se hizo escuchar a fin que las autoridades fiscalizarán un desarrollo con más planificación y orden. A consecuencia de este loable esfuerzo, se conformaron comisiones interdisciplinarias que analizaron la capacidad de densidad del área, para concluir con una suspensión de la construcción de rascacielos y condominios, hasta tanto la infraestructura no se adecue. Ahora solo nos queda esperar que el gobierno, los promotores de los proyectos en construcción o ambos, lleven a cabo todas las gestiones necesarias para que nuestro barrio, vuelva a contar con las calles transitables de antes.
De la misma forma, aprovecho la oportunidad para hacer un llamado a todas esas otras comunidades que se han sentido identificadas con esta misma problemática o parecida que sean los primeros en denunciar y gestionar las soluciones que les aseguren una digna convivencia, porque a resumidas cuentas somos los ciudadanos de este país los que salimos afectados.
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