Tribu se apaga en el sur de Chile
Cuando desaparezcan los pocos kawesqar que están en Puerto Edén, se perderá la cultura y la lengua de otro grupo indígena.
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| Familia Kawesqar MCT Direct1132854 |
Simon Gardner/REUTERS
Francisco Arroyo ofrece a turistas pequeñas canoas de piel de lobo marino como recuerdo del viaje a los canales y fiordos del sur de Chile, donde es uno de los últimos sobrevivientes de la etnia kawesqar.
Solo queda poco más de una docena de kawesqar de sangre pura y muchos tienen más de 60 años -aunque hay dos hermanos que bordean los 40-, por lo que otra tribu indígena del extremo sur del continente americano está próxima a desaparecer.
“Va a terminar con nuestra generación”, dijo Arroyo, cubierto con un gorro y un chaleco de polar para protegerse del viento gélido y la llovizna que caía sobre la localidad pesquera de Puerto Edén, en una isla a unos 2 mil 100 kilómetros al sur de la capital, Santiago. En este remoto enclave viven 120 personas y solo se puede acceder por mar o en helicóptero.
Los ancestros de Arroyo vivían en sus canoas, en las que incluso también dormían y comían, vistiendo apenas una capa de piel de lobo marino en sus espaldas y cubriéndose los cuerpos con grasa del animal antes de sumergirse en las heladas aguas en busca de comida.
Tal como ocurrió con los yaganes que vivían incluso más al sur, y de los que apenas queda un miembro de sangre pura, o con etnias indígenas desde el Amazonas a Asia, epidemias de enfermedades respiratorias por el contacto con europeos arrasaron con los kawesqar en el siglo XIX y hasta la década de 1940.
“Están en decadencia porque las causas históricas (de su desaparición) han seguido operando hasta hace relativamente poco”, dijo Eugenio Aspillaga, un antropólogo físico de la Universidad de Chile.
“Una cosa que no es menor es la cuestión de la restricción de su movilidad”, agregó el especialista, con relación a un programa que se estableció en 1960 para establecer a los sobrevivientes kawesqar en Puerto Edén.
Oscar Aguilera, un etno- lingüista que ha estudiado desde 1975 a los kawesqar, estimó que “la cultura sí está en extinción. La lengua también está en peligro”, dijo.
El pueblo más cercano está a una noche de navegación y que solo un barco pase a la semana implica que están aislados del resto del mundo.
“Nunca me gustó”, dijo Luisa Chiay, una descendiente de mapuche, de 32 años, quien creció en Puerto Edén pero se fue a vivir a Puerto Natales, más al sur, donde su hija va a la escuela.
“Es tan aislado. Hay demasiado silencio. La educación es mala. Si caes enferma, no hay un hospital acá cerca”, dijo.
Una hermana de Chiay murió hace ocho años de un ataque cardíaco en Puerto Edén. No hubo un barco cerca para transportarla para recibir tratamiento.
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