[DECADENCIA]
Chávez: la década inútil
La inflación venezolana ronda el 30% anual, la más elevada de Latinoamérica y entre las más altas del planeta. Eso va paralelo al aumento de la dependencia venezolana del exterior. Alexis Ortiz
Recientemente participé en el programa del prestigioso periodista Andrés Oppenheimer, para evaluar junto a Horacio Medina, Vilma Petrash, Ana Mercedes Díaz, Oswaldo Álvarez Paz y otros valiosos panelistas, los 10 años de gobierno del teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías. Como el ritmo vertiginoso y efectista de lo audiovisual, en verdad no facilita los análisis consistentes, voy a guarecerme en la insustituible palabra escrita, para esta tentativa de evaluación de lo que no me parece exagerado llamar la década inútil; es decir, la de Chávez al mando de Venezuela.
Después de dilapidar en programas demagógicos y sin continuidad en Venezuela, y en promoción de su narcisismo internacionalista, más de 700 mil millones de dólares; después de haber dispuesto de una concentración de poder solo concebible en los déspotas tropicales (control de los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial, regional, local, militar, policial, electoral, de fiscalía y contraloría); y de derrochar la gran popularidad con la cual llegó hace 10 años al poder mediante elecciones, los resultados de la gestión de Chávez dibujan un fracaso inocultable. Veamos.
La pobreza creció en más de un 10%, aunque Chávez maltrató públicamente al funcionario de su gobierno que se atrevió a dar esa información. El desempleo sobrepasa el 20%, no obstante que solo se reconoce un 12%, porque oficialmente se cuentan como empleados los que sobreviven en la economía informal. La desocupación se entiende si se considera que en la década chavista han desaparecido entre 7 y 8 mil empresas, más o menos la mitad del aparato productivo privado nacional.
La inflación venezolana ronda el 30% anual, la más elevada de Latinoamérica y entre las más altas del planeta. Eso va paralelo al aumento de la dependencia venezolana del exterior, principalmente de Estados Unidos (el odiado imperio), ya que las importaciones llegaron al escandaloso umbral del 80% del consumo nacional.
Mientras tanto, nuestro principal producto de exportación, el petróleo, se ha visto estremecido por la disminución de la producción, el corrosivo incremento de la burocracia sectaria, el aumento de la deuda de la empresa PDVSA y el arrasamiento de la capa gerencial calificada de esa petrolera. Y al perderse todo sentido de auditoría y control del gasto público, la corrupción se ha desenfrenado de tal modo, que resulta imposible precisar el monto de lo despilfarrado. Lo que sí es obvia y ominosa es la prepotencia impune con que se pasean los nuevos millonarios del chavismo, a los que el pueblo llama la “boliburguesía”.
Todo lo anterior sería suficiente para hacer irrebatible el fracaso de Chávez, pero hay más, la inseguridad se ha hecho tan espantosa en Venezuela que ya nadie puede vivir tranquilo. Sin estar en guerra con otro país, en los nueve primeros años de Chávez se produjeron más de 2 mil secuestros y más de 100 mil homicidios. Sin contar que de los robos, atracos, agresiones a los ciudadanos y otras fechorías, por ser tan innumerables, es imposible llevar estadísticas.
Claro que en otro artículo tendríamos que referirnos al deterioro de la infraestructura pública (calles, carreteras, puentes, edificaciones); al desabastecimiento hasta de leche y pan; a los 130 ministros que Chávez ha cambiado en menos de una década y a sus más de 70 familiares cercanos incorporados al poder; al ventajismo electoral, los presos políticos, los exiliados, el atropello a los disidentes y los zarpazos contra los medios y la libertad de expresión, las listas negras, el odio de clases, el soborno social y el miedo impuesto a la ciudadanía. Nunca en la agitada historia de Venezuela, un caudillo populista nos había salido tan caro e inútil.
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