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Panamá, miércoles 10 de diciembre de 2008
 

CAMPAÑAS

El partido de alta peligrosidad

1130746Carlos Guevara Mann
opinion@prensa.com

En campaña electoral, el PRD es un partido de alta peligrosidad. Y en el gobierno es letal. Cientos de miles de panameños son conscientes de estas verdades como puños, pero entre ellos no parecen encontrarse los dirigentes de la llamada “oposición”.

Sustentan la letalidad del PRD los asesinatos de la dictadura, la militarización del Estado y el saqueo del erario en tiempos de papá Omar, tío Tony y la hija del proceso; la entrega de importantes recursos nacionales (lo que produjo un escandaloso aumento en el costo de la vida) y las fabulosas rebuscas en tiempos de tío Toro y la chola ricachona; y la proverbial ineptitud, venalidad y remilitarización a que el PRD nos tiene sometidos en tiempos del muñeco que pasea y la dama de las dioxinas.

En una sociedad mínimamente evolucionada, semejante prontuario policivo serviría para descartar del escenario político –para siempre– a un partido con esas credenciales. Pero, en Panamá, por acción y omisión, la dirigencia opositora ha contribuido a prolongar la vigencia nefasta del perredismo y su dominio del sistema político.

¿Qué “dominio”?, pregunta usted. ¿No que todos los partidos son la misma porquería? Pues no, algunos son peores que otros y uno, en especial, ha logrado adueñarse del sistema político, dejándoles a los demás las migajas para que festejen.

Para muestra un botón: En las tres elecciones llevadas a cabo tras el desalojo de la dictadura (1994, 1999 y 2004) el PRD ha recibido el 32% del voto popular para diputados. Pero, de las 221 curules de la augusta cámara repartidas en esos pulquérrimos torneos electorales, el PRD se ha llevado 106: el 48% de los escaños. Con 19% del voto para diputados, el PartidoPanameñista es el que más se le acerca. Ha recibido 49 escaños (22%).

El PRD defiende su dominio del sistema político como gato boca arriba. Penetra el Tribunal Electoral hasta los tuétanos, emplea las mañas, artilugios y estratagemas a su alcance para mantenerse en el poder y –si todo aquello falla– recurre a la violencia. ¿O es que no se acuerda usted de las hazañas de “yo digo Rigo” y Silverio Brown? Hay que exigirle al dignísimo embajador, aventajado discípulo de Sai Baba, que recuerde a cuántos diputados del PRD les fabricaron las curules en su mansión de Altos del Golf (erigida con el producto de las coimas migratorias).

Hay que transcribir las conversaciones telefónicas de un diputado perredista, aficionado a la Comisión de Drogas, en las que daba instrucciones sobre cómo “corregir” varias actas electorales. Y hay que mostrar las imágenes de la aporreada que los batallones de la indignidad y los terroristas libios, comandados por un ministro de Estado, les dieron a los candidatos de la oposición en 1989.

Dicen los incautos: “Eso fue durante la dictadura. Ahora, en ‘democracia’, las elecciones son transparentes”. Pregúnteles a Renato Pereira y Riley Puga cuántos votantes de otros circuitos no “movilizaron” sus propios correligionarios perredistas, en distintas elecciones “democráticas”, para elaborarse victorias electorales. Consúltele a Alemán Boyd cuántos de sus copartidarios no hicieron trampa, comprando votos a diestra y siniestra con bonos de supermercado. Y no deje de averiguar, en la tierra del padre Gallego, cómo se manufacturan allá las victorias electorales, a punta de coacción, amenazas, violencia y billetes falsos (con el beneplácito del integérrimo Tribunal Electoral).

Sí, apreciado lector: la alta peligrosidad del PRD en campaña electoral es digna de antología. Encima, con sus arcas llenas de aportes de dudosa procedencia, tienen plata en pila para entretener al lumpen. En vísperas de las elecciones, lo pondrán a rapear con Japanese y a menearse con Sandra Sandoval, para que se olvide de la inseguridad, el caótico transporte y la carestía de la vida y marque –con el mayor contentamiento– la casilla de la delincuente de corazón.

Mientras, los dirigentes de la oposición siguen con su divisionismo, creyendo en los pronósticos de encuestas amañadas o esperanzados con ganar en 2014. Por favor: no construyan castillos en el aire. Entiéndanlo de una vez por todas: la única fórmula que garantiza el triunfo y ofrece posibilidades de comenzar a enderezar el país pasa por la unión de la oposición. De lo contrario, perderemos hacha, calabaza y miel.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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