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Panamá, martes 9 de diciembre de 2008
 

Amor en la adversidad

La enfermedad inesperada de sus hijos las sumergió en el dolor, pero jamás renegaron para cuidarlos.

Perseguir la vida con humildad y valorar lo que se tiene son enseñanzas que hay detrás de estas historias.

LA PRENSA/Noriel Gutiérrez1129182
Diana N. González
digonzalez@prensa.com

Ver cómo desaparece la niñez de un hijo trae nostalgia a su madre, pero verlo sufrir a causa de una enfermedad crónica sin que ella pueda ayudarlo es como una herida abierta que jamás sanará.

En esta época de fin de año, tiempo de regalos y de festejos en familia y con amigos, para muchas madres no hay celebración. Ellas se envuelven en un manto de fuerzas para soportar los problemas de salud que aquejan a sus vástagos.

Algunas han perdido sus empleos y otras viven día y noche en los hospitales, pegadas al pie de las camas de sus hijos.

Una de ellas es Nadina Paz, cuyos ojos vidriosos expresan su dolor por las vicisitudes que ha pasado su hijo Luis que, después de 10 meses, recibió el diagnóstico de osteosarcoma (tumor óseo canceroso) el año pasado. Mientras, su enfermedad evolucionaba.

Nadina reside en el corregimiento de Tocumen y cerró las puertas de su negocio de comida seca. Durante 11 meses permaneció en la posada de la Fundación Amigos del Niño con Leucemia y Cáncer (Fanlyc) al cuidado de su hijo, a quien le amputaron una pierna. Sus otros tres hijos entendieron el sacrificio y lo delicado del tratamiento de su hermano.

El pasado 29 de septiembre, una luz de esperanza iluminó los ojos de Nadina Paz, cuando Luis recibió una prótesis en su pierna, que hoy le permite movilizarse.

“De esta amarga experiencia aprendí a ser otra persona y a darle valor a la vida, ya que sin salud nada somos”, expresa esta madre.

El próximo 21 de diciembre, Luis y Nadina planean retornar a su casa. Ahora, con la ilusión de que este joven conseguirá un empleo para ayudar a su familia.

En la sala de hematoncología del Hospital del Niño se tejen otras historias.

Yanely Trejos, de 36 años, lleva 18 días allí mientras su hijo Miguel, de 10 años, recibe quimioterapia para tratar la leucemia. Al igual que Luis, él también tuvo un diagnóstico tardío.

Oriundo de la provincia de Herrera, su primer centro de atención fue en el Hospital Cecilio Castillero, en la ciudad de Chitré.

Yaneli tiene otros tres hijos y dice desconocer la magnitud de la enfermedad que le quitó los días felices a su pequeño Miguel.

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