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Panamá, martes 9 de diciembre de 2008
 

Entrega en medio del dolor

A veces, la intuición guía a las madres para descubrir que algo anda mal con la salud de sus hijos. En esta época, todas quisieran estar en casa con ellos.

semblanza. Madres reunidas en el árbol de la vida, de la Fundación Amigos del Niño con Leucemia y Cáncer (Fanlyc). LA PRENSA/ Noriel Gutiérrez1130283
diana N. González
digonzalez@prensa.com

La familia Muñoz se traslada desde el interior del país hacia la ciudad capital para que su hijo, de apenas cinco años, reciba radioterapia.

“De esta terrible experiencia hemos tenido que aprender a ser fuertes, porque en la familia ninguno había presentado un caso de leucemia ni de tumor canceroso”, comentó Eneida Muñoz.

Ella pensó que los dolores en los huesos que su hijo decía tener era asunto de rutina, pero cuando aparecieron los moretones en su cuerpo, presintió que algo grave le pasaba.

Verlo con dolor cada vez que es sometido a los tratamientos, le parte el alma. “Desearía ser yo, con tal de que él no sufriera”, describe la madre.

LA LUZ DE UNA NIÑA

“Imagínese mi caso, a mi bebé, que solo tiene siete meses, le operaron la vista”, expresa Luz Eneida Fuller, una madre primeriza de 32 años, que tuvo un embarazo completo de nueve meses y un parto natural.

La inocencia de su bebé, nacida el 25 de abril de este año, inunda la sala del hospital cuando llora, tiene hambre, sueño o está mojada.

Al nacer, la niña no tuvo complicaciones visibles, sin embargo, una corazonada guió a su madre hasta darse cuenta de que en el ojo izquierdo, la pequeña tenía un problema más serio que un aparente estrabismo.

Al inicio, cuando el médico la vio en el centro de salud de Nuevo Emperador (Arraiján, en el sector oeste del país), dijo que no había ninguna anomalía.

Pero la abuelita de la nena insistía en que ella no veía por ese ojo.

Ambas decidieron buscar otra opinión médica. Una vez en el Hospital del Niño, Luz Eneida (la bebé) fue sometida a varias pruebas que arrojaron el diagnóstico de retinoblastoma.

La oncóloga María Sabina Ah Chu, explica que se trata de un tumor maligno de la retina o neoplasia de estirpe neutral, que se deriva de las células de la retina.

En Panamá, la mayor incidencia ocurre en la temprana infancia, aunque dice que en otros casos se ha diagnosticado a los 8 y 10 años.

Debido a esta condición, el pasado 10 de septiembre esta bebé fue intervenida quirúrgicamente para extirparle el tumor de su ojo.

Su madre describe que durante esa hora, mientras se ejecutaba la operación, ella no sabía si gritar, caminar o dejar de llorar, pues la angustia era terrible.

Ahora, mientras la madre espera el apoyo por parte de alguna fundación para el tratamiento del ojo de su bebé, la pequeña deberá usar una prótesis u ojo artificial, según indicación médica.

Luz Eneida jamás imaginó que su nena nacería con una enfermedad de esta naturaleza, dice que siempre rezó por la salud de su hija, pero los “ infortunios de la vida nadie los espera”.

Cada 21 días, cuando la nena debe ir al hospital a recibir la terapia, se desploma internamente, pues ha visto a otros menores quejarse por las molestias que causa la quimioterapia.

Su mayor deseo es que su hija recupere la salud. Un anhelo compartido por mujeres como Amarilis, Esther, Susana Maribel y Yanelis, quienes también viven pegadas a una cama de hospital para velar por la salud de sus vástagos.

Al acercarse la Navidad, estas madres desearían pasarla junto a todos sus hijos, pero en casa.

Y mientras para algunas hay esperanzas de recupe-ración de sus hijos, hay otras que vieron desfallecer las fuerzas físicas de sus pequeños.

En medio del dolor y la desdicha que se palpa en una sala de hospital llena de vidas inocentes, se dibuja la ternura maternal de aquellas, como las de estos casos, que le inyectan a sus vástagos la valentía para seguir luchando y las ganas de vivir.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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