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Panamá, domingo 30 de noviembre de 2008
 

ARREPENTIDOS

Los conversos de Dios

Xavier Sáez–Llorens
xsaezll@cwpanama.net

Una ingeniosa periodista quiso saber lo que respondería si al morir me topaba con ese ente denominado Dios. Fácil. “Deberías estar avergonzado de crear, a tu imagen y semejanza, a tantos corruptos, bandoleros, asesinos, hipócritas y egoístas que habitan la Tierra; tu reputación, además, anda muy deteriorada. No puedo creer que, siendo tan todopoderoso, omnipresente y benevolente, permitas injusticias, hambrunas, discriminaciones, odios, guerras, muertes de inocentes por inundaciones, terremotos, huracanes y un sinnúmero de religiones y sectas despistadas sobre cómo llamarte, complacerte o acceder a ti. Te sugiero enmendar lo creado o esconderte para que nadie tome represalias”. Pensándolo mejor, como según mis detractores ya he hecho méritos suficientes para albergarme en el infierno, al que conoceré será a Lucifer y tendré lamentablemente que felicitarlo porque sus conjuras diabólicas resultaron claramente triunfadoras con nuestra especie.

Hace unos días, quedé impávido al ver como DDD manipulaba las emociones de la audiencia, argumentando su religiosidad y dependencia divina para buscar el perdón colectivo por la muerte de un subalterno. Estos intentos por misericordia no me los trago. Primero, porque me parecen más plausibles los alegatos presentados por la viuda. Segundo, porque tendemos a olvidar que los que más sufren son los familiares del asesinado. Tristemente, los derechos de las víctimas son usualmente vilipendiados porque siempre existen abogados que, por dinero y fama, utilizan su pericia para defender a los poderosos, aunque se pisoteen valores éticos y morales. Idéntica estrategia utilizó Papo Córdoba para generar compasión. Ha sido vinculado con rebanarle la cabeza a Spadafora y lanzar cuerpos desde helicópteros pero, en la cárcel, tuvo apariciones sobrenaturales y ahora es experto en plegarias y prédicas. No me extrañaría ver a Noriega retornar al país con sotana y crucifijos.

Estas estrategias de reivindicación celestial no son exclusivas de militares afiliados a dictaduras. Las usan, también, muchos civiles que se valen de la política para drenar las arcas estatales y acumular fortuna ilícita con los dineros de los contribuyentes. Me fastidia ver sus rostros de ternura en misas o procesiones mientras antes y después han estado inmiscuidos en miserables entuertos clandestinos. Sería fabuloso implantar polígrafos venenosos en las hostias para que, durante su deglución, se liberen dosis crecientes de estricnina cada vez que las ondas gráficas detecten actuaciones delincuenciales subyacentes. Ya puedo figurar a numerosa gente exhibiendo contracciones musculares al caminar de regreso del acto de la comunión. Imagino a presidentes que utilizan partidas discrecionales para consumo personal, ministros que ejecutan obras para obtener tajada de la licitación, diputados que venden su voto al mejor postor, funcionarios que venden terrenos patrios a cambio de cuantiosas coimas, empresarios que sobornan a empleados públicos y estafadores diversos desfilando por la alfombra eclesial y contorsionando sus cuerpos con cada descarga del tóxico. Para grabarlo. Siento curiosidad por delinear las rutas sicológicas utilizadas por maleantes y criminales para transformar abruptamente su personalidad y, de la noche a la mañana, cambiar perversiones y municiones por oraciones y biblias. A mi juicio, la conversión religiosa, no solo denota impostura conductual sino inestabilidad emocional. Algunas veces, la conversión obedece a deficiente manejo de crisis e incalmable ansiedad por las consecuencias provocadas. Estos factores suceden, por ejemplo, en sujetos que han exhibido infidelidad canina o violencia alcohólica y sus familias amenazan con desintegrar lazos afectivos (muchas de estas personas caen nuevamente en sus tortuosas andanzas si se presentan oportunidades óptimas), en adolescentes que han practicado fechorías juveniles y ven su futuro profesional truncado si no modifican comportamientos, en padres que tienen hijos drogadictos y se sienten responsables por sus deficiencias o rigurosidades disciplinarias, o en mujeres adultas en soledad o privación amorosa que encuentran sosiego y cariño en el claustro parroquiano.

Siempre me ha parecido contraproducente la tradición empleada por cúpulas religiosas para apaciguar la culpa de creyentes bribones. Para mantener feligresía y poder, los sacerdotes exhortan a los pecadores sobre su deber de escuchar el sermón y acudir al confesionario para revelar sus transgresiones y optar por la indulgencia del supremo. Por más criminalidad de fondo, la confidencialidad está garantizada (curiosamente, hay grupos contrarios a que el médico guarde privacidad sobre la sexualidad de la juventud, pero afines a que el clero oculte la identidad de homicidas, pederastas y rateros). Si el malhechor reza cien “Ave María” y mil “Padre Nuestro”, el delito prescribe, se salva de pagar sus crímenes en período terrenal y, para colmo, es acreedor de las llaves del edén. Si los mandamientos se escribieran en esta época, sugeriría agregar tres a la lista. El XI sería “pagarás tus faltas primero en vida para poder aspirar al paraíso después de la muerte, el XII diría “no te convertirás a la religión a menos que estés genuinamente compungido” y el XIII señalaría “usarás condón en toda relación sexual practicada por placer”. Cuídate de esos arrepentidos. “Detrás de un converso, un personaje perverso”.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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