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Panamá, domingo 30 de noviembre de 2008
 

FALTOS DE LIDERAZGO

La palabra empeñada

Isabel Barragán de Turner
opinion@prensa.com

El acontecer político pone de manifiesto la pérdida de valores substanciales: el decoro, la integridad, la dignidad personal, la fidelidad con las propias creencias, la congruencia entre lo que digo y lo que hago, todos estos bienes del espíritu están arrumados en el sótano de los trastos inservibles. Pareciera que los seres humanos hemos involucionado hacia un estado amebiótico, carecemos de columna vertebral y nuestro carácter y moralidad cambian de forma según lo exija el medio que nos rodea; así, si éste es intelectual, asumimos la pose de pensadores y estudiosos; si es trivial o frívolo, con mucha facilidad presumimos de esa conducta.

Sin embargo, lo que más apesadumbra y encrespa es ver cómo algunas personas que se motejan a sí mismas de políticos tienen un registro minúsculo de sus propias palabras y, por ello, creen estos estólidos que el resto de la población también es desmemoriada. Eso o, lo que es peor, no les importa con ribetear sus acciones de un mínimo de decencia, porque desdeñan con infinita soberbia la opinión de los demás ciudadanos.

La historia demuestra que los pueblos sí tienen memoria y tienen un código que los obliga a castigar a los que no les importa cumplir con la palabra empeñada, a los que carecen de moral política. Recordemos cómo el partido más votado en las elecciones de 1990, el que llegó a tener la bancada más numerosa en la asamblea legislativa, estuvo a punto de desaparecer y su representación en la cámara legislativa fue microscópica: su alianza con los que antaño calificara de corruptos, rapaces y abusadores, los descalificó moralmente ante los ojos de los que fueron sus adeptos. Del mismo modo, la anterior mandataria de nuestro país no podrá desclavarse el INRI con el que los panameños anatemizamos su gestión gubernamental, y por ello su partido también sufrió la reprobación pública en las urnas.

El partido gobernante y sus más conspicuos representantes apuestan a que todos los panameños padecemos de Alzheimer y a que hemos olvidado cómo se fueron por el sumidero del despropósito y el engaño todas las promesas de campaña. Apuestan, asimismo, a que todo este pueblo es, como dice uno de sus eslóganes, corrupto y juega vivo como lo son ellos.

Lo lamentable de esta infame situación es que la oferta política viable está huérfana de verdaderas opciones redentoras para lograr una marcha cívica más honrosa y productiva, para, por lo menos, enrumbar nuestro pequeño país por caminos más civilizados y éticos, para aunque sea tener un poquito de esperanza y de confianza en un mañana que, hasta ahora, está nimbado de frustración, infortunio y, lo más peligroso, también de ira. Ojalá y los candidatos a los puestos de gobierno nos convenzan de que no tendremos que elegir entre moco y baba.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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