Solidaridad luego de la tragedia
1126260Osvaldo Lau C.
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OPINIÓN. Unos lloran, otros sufren en silencio y otros hablan de ella, pero la tragedia se siente cuando se ha vivido con ella. Por poco que se tenga, perderlo todo por la fuerza incontrolable de las aguas y quedar en cero para volver a empezar, mueve las fibras más templadas de cualquier corazón.
Al margen del aspecto político, que espero que no sirvan de alimento a las aves de rapiña, la tragedia que se vive en las tierras altas de Chiriquí y en Bocas del Toro nos obliga a ser solidarios con los hermanos que tienen su mirada perdida en el espacio, mirando al cielo, llorando el presente.
La solidaridad que se le dio a Margarita fue fuera de serie, pues nos envolvía la alegría y el orgullo de ser panameños; aunque ahora tenemos una realidad diferente, inundada por la tristeza, estamos obligados a impulsar esa misma solidaridad y ese mismo orgullo. La magnitud del problema obliga a decir que no basta con aportar mano de obra o meterse la mano en el bolsillo; le toca al Estado responder con urgencia y en mayor grado, disponiendo de los recursos que sean necesarios para paliar el sufrimiento con soluciones reales.
Sabemos que el tiempo tiende a curar las heridas, pero no debemos olvidar que los efectos de la tragedia no terminan cuando se vayan las aguas. La reconstrucción tiene sus costos y los tradicionales ingresos del turismo de las áreas afectadas tardarán en volver. Triste realidad. Por ello, debemos ver la tragedia desde diferentes puntos de vista. En el aspecto fiscal, un ejemplo de solidaridad por parte del Estado sería promover una ley especial de exoneración de impuestos para los contribuyentes y propiedades del área afectada por el tiempo que dure la reconstrucción del sector. Esta ley, en cierta medida, tiende a ayudar a quienes han perdido todo. Una medida similar debería aplicarse a todo sector que se declare en estado de emergencia.
Además, para incentivar esa solidaridad sería oportuno crear el sistema de créditos directos al impuesto sobre la renta, por un porcentaje del valor de la ayuda que efectivamente se dé y se compruebe en forma fehaciente. Aunque muchos donantes no buscan retribución por su voluntaria donación, otros sí lo pueden estar considerando; lo que tenemos que hacer es abrir caminos de solución. Total, los recursos del Estado provienen en gran parte de los que pagamos impuestos y al utilizar los mismos para ayudar a los más necesitados estamos participando directamente de esa solidaridad. Le corresponde al Estado dar el noble ejemplo donde nos reflejemos los demás. Las experiencias pasadas han demostrado que el pueblo panameño tiene la capacidad para levantarse de los escombros y lo volveremos a hacer de la mano de Dios.
El autor es asesor fiscal.
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