VISIÓN
La crisis financiera: una estafa mundial
I. Roberto Eisenmann, Jr.
opinion@prensa.com
Para mi sorpresa, recibí una gran cantidad de respuestas sobre mi último artículo referente a la crisis financiera, quizás porque era un enfoque novedoso que explicaba en parte el por qué las “toallas” gigantescas de dinero que los gobiernos le han tirado al problema, no han resuelto la crisis.
Hoy quiero tratar de estimar lo que produjo la catástrofe … y responderle a mis amigos de las izquierdas (porque son varias). Se escuchan por ahí cosas como “fin del capitalismo” y otras sandeces parecidas. El adoptar estos slogans –que se hacen populares de momento– no nos ayuda a entender la raíz del problema para evitar una repetición. Hay que abandonar los dogmas ideológicos ante una crisis inédita en la historia, para accionar con inteligencia y objetividad. Ver al poder mundial en problemas alegra a muchos, simplemente porque ver al poderoso y arrogante (sobre todo con un W. Bush al frente) contra las cuerdas es motivo de satisfacción para la mayoría de los seres humanos y más aún para aquellos que viven el ayer y no se dan cuenta de que en un mundo globalizado la crisis gringa arrastra al mundo entero, incluso a sus actuales o potenciales adversarios (ejemplo Rusia, Venezuela y China).
Una cosa es (o debe ser) obvia, como lo dijo el presidente francés “de derechas”: “la idea de que los mercados siempre tienen razón, es descabellada”... y … “el anticapitalismo no ofrece ninguna solución”. Sin duda lo que mueve a los mercados es el interés egoísta del dinero … palabras odiosas que muchos quisiéramos eliminarle a todos los seres humanos sobre la faz de la tierra; pero … y venga el bendito ‘pero’ … ¿es posible? ¿Es posible el objetivo teórico y nunca logrado del “hombre nuevo” expuesto por sacerdotes y comandantes? … por supuesto que no. Tenemos como sociedad que funcionar con los hombres pecadores con que contamos, incluyendo su interés egoísta por el dinero. Aunque es un criticable ingrediente natural de todo ser humano –es, a la vez, el motivador principal que pone la rueda económica a funcionar para lograr el crecimiento económico. Logrado el crecimiento toca entonces al Estado la función redistributiva en busca de la importante justicia social.
Entonces, si esto es así, lo recomendable es que la instituciones del Estado establezcan reglas con las que el interés creado del sector económico sea premiado cuando sirve al interés común o cuando es socialmente productivo, castigándolo cuando se afecta el interés común.
Veamos la crisis Fannie Mae y Freddie Mac: a pesar de ser propiedad privada, debido a que fueron patrocinadas por el Gobierno ahora son empresas cuasi–gubernamentales. Son revisadas por el Congreso y funcionan con una promesa de que si fracasan el Gobierno pagará; entonces... ¿se les puede llamar instrumentos del “libre mercado”? En la década de 1990 el Congreso relajó los requerimientos crediticios de estas empresas “privadas”. En 1995 se les dio –a Fanny y Freddie– permiso para ingresar en el negocio de hipotecas llamadas subprime y fue entonces cuando Fanny y Freddie dieron luz verde a todos los bancos para que originaran estas hipotecas–basura que ellos comprarían. Luego, con base en estas hipotecas basura se crearon documentos novedosos para el mercado de valores, sin ningún valor real, resultando todo en una vulgar estafa. Fue este movimiento el que produjo el inicio de la catástrofe financiera del mundo.
Los originales incentivos eran bien intencionados, pero la intervención del Gobierno rebasó lo lógico y razonable, y abrió el camino para la masiva estafa. Todo lo hecho por el Gobierno contó con el empuje y aplauso de “empresarios” y “banqueros” que ganaban millones en el proceso de estafar a los incautos. La historia mundial de regulación estatal está preñada de este tipo de actuaciones de “empresarios” que hablan del “libre mercado” pero que actúan para beneficiarse personalmente de la intervención estatal. Estos son los que usan sus recursos y acceso al poder para asegurarse que “el mercado”, por vía de la intervención del Gobierno, funcione para beneficio propio. Hoy, uno de los hombres más ricos del mundo no lo es por fabricar un solo artículo, sino por traspasos de papeles de propiedad y privatizaciones, usando influencias con los gobiernos de su país …y ahora con los de otros países.
En conclusión: la catástrofe financiera no es un problema del capitalismo, ni del mercado, sino simplemente de la deshonestidad por parte de supuestos empresarios y sus aliados del sector gobierno, quienes legislaron las reglas que permitieron la mayor estafa mundial conocida en la historia.
Los estafadores existen en todos los sistemas políticos y económicos, sean dirigidos por empresarios, intelectuales, comandantes o sacerdotes. La transparencia, la eliminación de la impunidad y el castigar ejemplarmente a los responsables, es la única solución allá, aquí y en el mundo entero.
Solo reconociendo estos hechos podremos accionar racionalmente para resolver hacia el futuro para procurar no repetir los mismos errores.
|